Planeta Cereza

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viernes, 28 de abril de 2017

Comer cerezas con los ojos cerrados...





Desde el primer momento que comencé a publicar mi blog “Planeta Cereza”, un montón de buenos amigos empezaron a hacerme llegar, con la mejor de sus intenciones, todo tipo de cosas y curiosidades referentes de alguna manera a cualquiera de estas dos palabras, planeta o cereza, cosa que me encanta y que agradezco enormemente. Puede ser cualquier cosa que ellos hayan encontrado “por ahí”: una imagen, un objeto rosa, una foto de unas cerezas, una noticia planetaria o cósmica... algo que siempre acompañan todos con un “me acordé de ti”.

Justo ayer me llegó esta publicación: “El ladrón de cerebros. Comer cerezas con los ojos cerrados” (gracias, gracias “XLIX”) un libro con muy buena pinta que hizo que me acostase muy tarde sin poder parar de leerlo y que hoy me caiga de sueño. No importa, tengo 4 días de vacaciones por delante, para dormir, descansar y también para terminarlo. Evidentemente no puedo hacer todavía para este blog una reseña del libro, porque apenas llevo unos pocos capítulos, y ni siquiera sé si la haría bien, por desconocimiento de muchas cosas, pero seguro que si la hago, cuando la haga, antes me habré leído alguna otra publicación del autor, porque ya estoy impaciente por terminar y empezar cualquiera de los otros libros que acabo de descubrir que tiene. El libro que simplemente recomiendo hoy, y al que ya estoy más que enganchada, en nada tiene que ver con el que recomendaba hace unos días en Facebook (a mí me gustan cosas muy dispares como puede comprobarse) y tampoco con las cerezas en sí mismas, aunque comience el primer capítulo con la descripción del proceso digestivo que tiene lugar al comer una fruta, sino en parte con el concepto “CHERRY PICKING DATA” o falacia de evidencia incompleta, es decir, elegir la parte de los datos que nos dan la razón, coger solo aquellos que nos interesan para apoyar nuestra postura ignorando las evidencias que nos contradicen, al igual que un agricultor nos muestra sus mejores cerezas cosechadas y no las malas y con ello parezca que solo ha cosechado cerezas buenas, de aquí el término.







El "ladrón de cerebros", el alter ego del escritor y divulgador científico Pere Estupinyà, se dedica a recorrer el mundo “robando trocitos de conocimiento” a las mentes científicas más brillantes y a escribir sobre ciencia como excusa para poder aprenderla, según el mismo Estupinyà dice en su página web (pinchando aquí podéis encontrar más información sobre él, sus conferencias, libros etc.. o leer el primer capítulo de “El ladrón de cerebros. Comer cerezas con los ojos cerrados”). El ladrón de cerebros también dice otra cosa muy interesante: "Hoy en día hay tantos datos que puedes demostrar lo que te de la gana", o sea, puedes argumentar algo apoyándote solo en algunos datos sin conocer o ignorando la evidencia completa, o hacer una selección aleatoria de datos para reafirmar una hipótesis (cherry picking data). Sobre su libro dice que está escrito "desde la emoción del asombro" y en él resalta la importancia que tiene la ciencia y el pensamiento crítico en nuestras vidas: La ciencia es comer cerezas con los ojos cerrados, y la mente abierta.

Pere Estupinyà (Tortosa, 1974) estudió química y bioquímica y ha trabajado para distintas empresas internacionales, pero es al campo de la divulgación científica en distintos medios audiovisuales a lo que se ha entregado con pasión en los últimos años. Conferenciante, colaborador en radio, presentador, guionista, editor y director en televisión... El ladrón de cerebros. Compartiendo el conocimiento científico de las mentes más brillantes (Debate, 2010), S=EX^2. La ciencia del sexo (Debate, 2013) o El ladrón de cerebros. Comer cerezas con los ojos cerrados  (Debate, 2016) son algunos de sus libros más conocidos.



Foto: Twitter @Perestupinya



EL LADRÓN DE CEREBROS. COMER CEREZAS CON LOS OJOS CERRADOS.
Pere Estupinyà.
Ed. Debate
Madrid, 2016
336 págs.
ISBN-13: 978-8499926162



Me permito hacer un copia y pega de un trocito de la introducción del libro que me ha gustado mucho y con ello animo a continuar con esta interesante lectura:

“En este libro te invito a un tour científico por los últimos avances de la neurociencia, la genética, la cosmología, la medicina, la psicología y las investigaciones que nos ofrecen útiles recomendaciones para mejorar nuestro bienestar físico y espiritual. Pero confieso que me gustaría que cumpliera otro gran objetivo además de ayudarte a aprender cosas nuevas: me encantaría que te incitara a abrir de verdad tu mente a la ciencia; que te impregnaras no sólo de sus conocimientos, sino también de su manera de pensar. A lo largo de esta obra te voy a sugerir encarecidamente que despliegues tu sentido científico. Lo hago porque estoy convencido de que la ciencia te permitirá desarrollar un pensamiento más crítico con el que elaborar hipótesis, analizar en qué puede estar traicionándonos nuestra imaginación, valorar el cambio de opinión como algo tremendamente positivo y ayudarnos a conocernos mucho mejor, evitar engaños y tomar decisiones personales y profesionales mucho más fundamentadas. Una mente cerrada es la que cree, no la que duda.

De ninguna manera, esta lógica debe impedir que nos dejemos llevar por las emociones irracionales cuando esto nos haga más felices. La ciencia no debe tomarse como una doctrina. Pero estoy convencido de que pensar científicamente nos puede ayudar en nuestro día a día, inspirarnos cuando nos descubre nuevos mundos casi poéticos, y sin duda significa tener una mente más abierta que la dogmática aferrada a las creencias y resistente a cambiar de opinión. La ciencia escucha, cierra los ojos al comer las cerezas y luego decide. Si frente a un cesto de cerezas tempranas o picadas buscas la más madura y reluciente para justificar que son buenísimas, no estarás actuando científicamente. La ciencia no sólo implica experimentar, sino también —más importante incluso y mucho más difícil— interpretar objetivamente los resultados e información de la que dispongas. Comer cerezas con los ojos cerrados y la mente abierta es, en realidad, el gran reto intelectual que te sugiero.”




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viernes, 31 de marzo de 2017

Guía de la Floración en España 2017





Hace dos días estaba nevando en Madrid y seguramente dentro de otros dos hará un sol de justicia tal que nos haga, como todos los años, pasar de la bota a la chancla en menos de ocho horas, de una día para otro. La primavera, y con primavera me refiero a buen tiempo, suele llegar, como todos los que vivimos aquí sabemos, de repente y sin avisar, pero es justo por ello por lo que es bien recibida por todos, a pesar de las alergias que nos trae de regalo solo a algunos de nosotros. Muchos de los madrileños decimos que no hay primavera aquí, en esta ciudad tan extrema, o que ya no existe, como antaño, y eso que antes de la llegada de los primeros rayos de sol de esta estación nos empiezan a bombardear en la tele con el clásico o tradicional anuncio comercial de unos grandes almacenes que se empeña en recordarnos que sí y que ya ha llegado, aunque esto último sea mentira. Yo caigo en la cuenta de que el invierno se está quedando atrás no con ese solecito que a veces llega inesperadamente, que agradezco, cómo no, y que hace que muchos salgamos, yo la primera, como locos a las terrazas a tomar el aperitivo, sino con las primeras flores florecidas propias de la estación, con las que siempre siento el impulso de sacar el teléfono móvil y sacar unas fotos, normalmente más malas que buenas. Ahí es cuando digo "Ya es primavera en...".






Primavera es sinónimo de flores, de buen tiempo, de color, de luz, también de inestabilidad atmosférica, de más sueño, de picor en los ojos y en la nariz, como me ocurre a mí, de planes, de ganas de abandonar la ciudad. En esta estación, que no es mi favorita, porque lo es el otoño, pero que aún así me encanta, unos disfrutamos Madrid, otros salimos de excursión de fin de semana o unos días de vacaciones que siempre sientan tan bien después de frío invierno, y algunos ambas cosas, porque en Madrid somos muchos, más de tres millones sin contar con turistas o visitantes ocasionales. Pocas veces te encontrarás la Gran Vía de Madrid vacía y aquellos tiempos, en los que en la ciudad durante las vacaciones de Semana Santa o verano aparcabas "en la puerta" o no te encontrabas por la calle un alma, porque las almas con sus correspondientes cuerpos se habían largado al pueblo o a la playa, ya han pasado.

Tengo mi ordenador, y mis otros dispositivos electrónicos, llenos de todas esas fotos que voy haciendo cuando me encuentro una flor bonita y entre ellas he elegido al azar, precediendo a estas cuatro líneas, una fotografía (que seguramente no será la mejor) de unas flores de las miles que he ido acumulando con los años. Teclea en google "primavera madrid" y se llenará tu lista de resultados de cientos de flores (quizá salga alguna foto mía), de planes, a cual más interesante, para disfrutar de esta estación en la ciudad, o de miles de sitios donde tomar las mejores fotografías primaverales.


Crédito: Toprural.com


Si te quedas esta primavera en la ciudad, la mía o la tuya, te puedes hartar de hacer fotos preciosas de plantas florecidas, es lo que tiene que esta estación sea tan bonita. En Madrid, por ejemplo, La Rosaleda del Parque del Oeste, los almendros de la Quinta de los Molinos, El Retiro, El Jardín Botánico... fascinantes parques, jardines y espacios naturales urbanos donde pasear, respirar o, si te pasa lo que a mí, disparar con la cámara. Si por el contrario decides abrirte al entorno rural, abre las páginas de la guía que hoy te comparto y que tan amablemente me han enviado desde el portal Toprural para hacer libre uso de ella (para mí que se han dado cuenta de que me gustan mucho las flores !!). La Guía de la Floración en España en 2017, es una guía fantástica y muy valiosa que tiene en su interior mucha información práctica: escapadas, consejos, rutas, fiestas, actividades, los más atractivos alojamientos y los mejores lugares de España donde contemplar y disfrutar de la floración de muchas especies. Podrás leer artículos más que interesantes y podrás ver las mejores zonas donde florecen, por ejemplo, almendros y cerezos (de ellos ya he hablado muchas veces por aquí, es pasión lo que siento al verlos); los coloridos campos de amapolas; encontrar donde puedes emborracharte con el inconfundible olor de las flores de azahar o donde localizar las 8.000 variedades de camelias que florecen en Galicia; enterarte por qué los campos de girasol son curiosamente un reclamo para el turista japonés... y mucho más. Y se me olvidaba: no hace falta irse al sur de Francia a buscar campos de lavanda pues no solo florece en la Provenza sino aquí al lado, en la Alcarria, donde además se organiza un festival anual, y por otro lado, una zona muy querida por mí, la Sierra de Gredos se tiñe en primavera del maravilloso color amarillo de los piornos. Es tan bonito !!



Crédito: Toprural.com



Leedla, elegid sitio y a disfrutar todos del magnífico espectáculo que nos ofrece la naturaleza. Que no me entere yo que no reserváis unos días para hacer el mejor de los planes. En Madrid o en cualquier sitio (se me acaba de venir a la cabeza la canción de Manolo Escobar "... y vivan, los cuatro puntos cardinales de mi patria. Que vivan! los cuatro juntos"... que tontería !!) Primavera hay en todos los sitios, y flores también. Si no es este fin de semana, el que viene, o el otro, o cuando sea. Afortunadamente las especies florecen también durante las otras estaciones. Que haríamos nueve meses sin flores !! Solo faltaba.



Crédito: Toprural.com

Crédito: Toprural.com

Crédito: Toprural.com

Crédito: Toprural.com

Crédito: Toprural.com



Pincha aquí si quieres bichear la página de Toprural, el portal experto en turismo rural.
Y aquí si quieres acceder directamente a la Guía de la Floración en España en 2017.



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miércoles, 15 de marzo de 2017

Rincones. La Quinta de Torre Arias





Quizá no sea esta imagen de la bicicleta verde la más significativa de todas cuanto puedan tomarse en la Quinta de Torre Arias ni la que más identifique a esta aun desconocida finca, pero sí es una de las más fotografiadas o por lo menos donde más veo que se entretienen las pocas personas que me cruzo casi a diario cuando paseo por este bonito jardín, en los tiempos libres que me permite mi jornada laboral. Seguramente sea así no por ser lo mejor que te encuentres dentro de esta enorme y fantástica quinta, no, es un jardín maravilloso y una finca peculiar, sino por pintoresca y llamativa, con ese precioso color verde o por estar situada en un pequeño rinconcito a modo de parking de bicis que hay a la derecha a pocos metros tras pasar la puerta de entrada a la finca. 










Este mini aparcamiento donde se encuentra la fotografiada bici verde, con cabida para pocas bicicletas, cuatro o cinco, es de momento suficiente entre diario. Digo justo esto: "de momento" y "entre diario", pues por lo que me ha contado uno de los vigilantes del lugar, el fin de semana la cosa cambia bastante y muchas de las personas de la gran cantidad que se acercan a ver estos días los almendros florecidos de la vecina Quinta de  los Molinos, se pasan también por esta dando un pequeño paseo de pocos metros por la madrileña calle de Alcalá. 

Como parque histórico, la Quinta de Torre Arias tiene normas de uso: no perros, no niños solos, no hacer fuego, no salirse de los caminos (esto es casi imposible de cumplir)... y entre ellas también está la de no montar en bicicleta. Puedes pasarla al recinto y aparcarla, o llevarla contigo sin montar en ella. Puedes también hacer running (yo lo pregunté y lo hago algunas veces) sin embargo reconozco que lo que más me gusta es andar, pasear sola por el precioso jardín, con música o sin música; andar una hora, deprisa o despacio, observando flores y otras plantas; sentarme un rato, con libro o sin libro, en silencio; respirar los olores de la primavera que va llegando; hacer unas cuantas fotos, con sol o sin sol (las podéis ver aquí) porque en este mes en el que, a excepción de los lunes en los que está cerrado, voy casi todos los días, ha habido de todo, frío, sol, lluvia o aire, como corresponde a estas alturas del año, y haga una cosa o haga otra, pasar en definitiva un momento realmente placentero en el que apenas me cruzo a 5 o 6 personas, el día que más, en todo el tiempo, algo que hace relativamente poco no pensé que podría ocurrir. Ya me estoy adelantando e imaginando el otoño buscando alguna que otra seta, he leído que ya hay un estudio micológico en curso que ha constatado 30 nuevas especies.








Hace apenas 4 meses que la Quinta de Torre Arias se abrió al público y solo uno desde que yo la frecuento. Pero esta apertura es una apertura parcial: algunas construcciones están valladas y algunas partes de jardín también. A determinadas zonas no se tiene acceso y otras solo las puedes ver a distancia. Tanto el palacio como el jardín se encuentran en restauración. En la fotografía que muestra el plano de la quinta con todas sus dependencias y zonas, se puede ver el recorrido que se puede pasear delimitado por una línea de puntos. La finca consta de palacio y muchas dependencias: vaquería, matadero, invernadero..., estanques, pozos, fuentes, zona de huertas, arboles de diferentes especies como encinas, pinos, almendros, tilos... muchas de las construcciones están en mal estado y hay zonas peligrosas de riesgo que se han vallado, es por eso que todavía no se pueda pasear por la totalidad de su superficie. Aunque las asociaciones vecinales del distrito y plataformas constituidas para recuperar la finca para los ciudadanos han hecho mucho ruido al reivindicar la finca como espacio verde público tras el intento demolición y de privatización del anterior gobierno municipal, para algunos madrileños que viven algo alejados de este distrito de San Blas-Canillejas, la quinta es totalmente desconocida y para otros, como yo y como algún oficinista más de la zona, que llevamos pasando a diario por delante de su puerta y asomamos un día  la cabeza por ella intrigados, se ha convertido de repente en un refugio de paz donde desconectar por un rato.

La Quinta de Torre Arias tiene mas de 400 años de historia. Es una finca histórica de finales del siglo XVI (1580) que fue finca agropecuaria y de recreo y perteneció a la condesa de Torre Arias, Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno Seebacher, hasta su muerte en 2012, quien la heredó de su padre, Alfonso Pérez de Guzmán el Bueno Salabert, VII conde de Torre Arias, como Quinta de Canillejas junto con el título nobiliario y quien la cedió al Ayuntamiento de Madrid al morir sin descendientes. Sobre su interesante historia, sobre la guerra que han mantenido consistorio y vecinos y sobre los planes de futuro puedes leer pinchando aquí y aquí. Su entrada se encuentra a escasos metros de la boca de metro de Torre Arias. Durante mucho tiempo solo he visto de ella la copa de los árboles y el reloj de la torre de la fachada principal del palacio y la he adivinado tras la fea y larga tapia pintarrojeada que he descubierto después apuntalada por el otro lado. En conjunto me resulta una finca magnífica, un lugar sorprendente, misterioso y fantástico, un jardín delicioso, solitario. Su apertura el 27 de noviembre pasado levantó mucha expectación y a su inauguración asistieron unas 2000 personas a pesar del mal tiempo. Ahora en marzo cierra todavía pronto, a las 17:30, y no abre los lunes por logística de las obras, pero merece la pena acercarse un par de horas a conocerla porque es realmente una joya en todos los sentidos.

































QUINTA DE TORRE ARIAS.
Calle Alcalá, nº 551 - Madrid
Metro Torre Arias, Línea 5

Horario:
- 1 de octubre a 31 de marzo: de 10:00 a 17:30 h.
- 1 de abril a 30 de septiembre: de 10:00 a 20:30 h.
Lunes cerrado.



Todas las fotografías pertenecen a Planeta Cereza.

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viernes, 17 de febrero de 2017

Niños... a la cocina !! (IV) : Tarta de quesitos





No suelo comprar habitualmente quesitos en porciones si no es para cocinar esta rica tarta que hago al menos una vez al año, aunque está tan buena y le gusta tanto a mi hijo Pablo que ha habido años en los que la he hecho casi una vez al mes. Y es que los quesitos, que fueron parte de mi infancia, de las meriendas que me daba mi madre a media tarde antes de hacer los deberes cuando era pequeña o incluso de las que me llevaba para tomar en el recreo del cole a media mañana, no forman parte, ni ahora ni cuando eran más pequeños, de las meriendas que toman de mis hijos y por eso los quesitos son considerados en mi casa algo extraordinario para ellos. Siempre pienso que los niños ahora toman muchas guarrerías para merendar, mucha bollería industrial y muchos alimentos que nada tienen que ver con los que tomábamos "antes". Hasta la época en la que se puso de moda, entre los de mi generación, merendar los pastelitos de Bimbo o Panrico : la pantera rosa, el tigretón, el bony, el bollicao... (que ya existían algunos cuando yo nací aunque se popularizaron mucho despuésr gracias a la publicidad y a los cromos o pegatinas que regalaban) y antes de llegar a la etapa del "bocata" de mortadela, chope o chorizo, yo realmente lo que merendaba era pan con chocolate, algunas veces con nocilla, pan con foie gras, pan con mantequilla y azúcar, pan con aceite o pan con quesitos. Y en ocasiones iba el pan por un lado y el quesito por otro, porque me divertía hacerle un agujerito en una esquina, espachurrarlo y ver como salía el churrete de quesito. Qué tiempos !!


Los churretes que más veo ahora, sin embargo, no son los de quesitos sino que son todas esas manchas o gotas de mezclas que quedan por toda mi cocina cuando mis hijos se meten dentro a elaborar algo: unas tortitas americanas, un mug cake, un brownie o algún postre del cual se compra el preparado ya empaquetado, incluso las de huevo cuando me ayudan a rebozar. Los quesitos no hacen ahora sino evocar los sabores de mi infancia y recordarla con cierta nostalgia. Qué diferentes eran antes las tardes de los niños (normal por otra parte que esto sea así), llegar del cole, lavarse las manos, merendar, a veces algo de tele, hacer los deberes o estudiar, decirle la lección a tu madre... y con buen tiempo salir a la calle a jugar. Así eran las mías y supongo que diferentes de las de otros. No tenía extraescolares, aunque sí actividades varias los fines de semana, ni clases de apoyo, ni Play Station ni teléfono móvil con los que distraerme, y ahora que tienen de todo, que ocupan la tarde al completo entre unas cosas y otras, me pregunto: ¿ pero por qué  quieren estar también en mi cocina enredando ? 


Ya he hablado en varias ocasiones de lo que es meterse en la cocina con los niños. Es una experiencia divertida, muy divertida, por lo menos en mi casa donde nos lo pasamos bomba y aunque reniego siempre y hago que no quiero delante de ellos, en el fondo me gusta tenerlos ahí. Al final todos, quiero decir mis hijos y yo, jugamos, disfrutamos, cocinamos como el mejor equipo del mejor restaurante dirigido por el mejor de los chefs, que en este caso soy yo porque me atribuyo el puesto. Este lunes pasado fue el cumpleaños de uno de mis pinches y como ya era una cifra importante, doce años ni más ni menos, pensé en regalarle algo especial: "Pablo, hoy te he ascendido a Jefe de Repostería y voy a enseñarte a preparar tu tarta favorita".











TARTA DE QUESITOS:

Ingredientes:

- 8 quesitos de cualquier marca: El Caserío, La Vaca Que Ríe... (Caja de quesitos en porciones)
- 3 huevos grandes
- 200 ml. de nata líquida para cocinar
- 125 ml. (medio vaso) de leche (a gusto semidesnatada, entera...)
- 110 gr. de harina de trigo
- 120 gr. de azúcar blanco
- dos/tres cucharaditas de aroma o esencia de vainilla (opcional)





1. En un bol grande se disponen los quesitos partidos. Es conveniente que se saquen de la nevera con antelación para que estén más blanditos, se puedan trocear y puedan batirse mejor. Hay que asegurarse cuando se bata la mezcla una vez echados todos los ingredientes en el bol, de que no quede ningún trocito de queso entero porque después en el horno no se deshace y estos se notarán finalmente en la tarta.

2. A continuación se echan los demás ingredientes, menos la vainilla que la dejaremos para el final. No requieren ningún orden específico. Se incorporan los tres huevos enteros, el azúcar, la harina (suelo tamizarla para que no se hagan grumos aunque no es necesario si se bate bien), el bote o brik de nata líquida (yo uso la nata para cocinar ligera, es decir la que tiene un 18 % de materia grasa y no la nata para montar que tiene un 33 %, de cualquier marca, La Asturiana me gusta al igual que su mantequilla pero empleo la que tenga en ese momento), y el medio vaso de leche. Se bate todo bien batido, asegurarse como he dicho que no quede ningún trozo de queso porque luego se nota en la textura y en el color que no se ha deshecho. 

3. Para finalizar se añade a la mezcla dos o tres cucharaditas pequeñas de aroma o extracto de vainilla, o unas gotas de esencia, esto va a gustos, y se remueve con la espátula para integrar.

4. Se engrasa con mantequilla una fuente o molde y se espolvorea un poco de harina. Yo utilizo una fuente no muy grande para que quede alta, una pyrex de cristal redonda de 19 x 8 cm. Si se hace en una fuente mas grande y queda más bajita realmente queda también más seca porque tiene su propia costra que se endurece un poco y lo del centro que es más blandito sería de un grosor finito con lo que tendría poco grosor cremoso. 

5. Se echa la mezcla batida en la fuente engrasada y se introduce en el horno precalentado, a 180 grados unos 50 minutos. Se infla y sube bastante, parece que se rompe por los lados, pero luego baja. Si se pone muy oscura por arriba se puede sacar un poquito antes o bajar la temperatura o poner por encima un papel de aluminio. Yo pongo el horno en la posición arriba y abajo y sale perfecta con estos grados y este tiempo, pero se puede hacer también a 170 grados y dejarla unos minutos más. Esto siempre va a depender de como nos guste o de como sea el horno. En general no tiene mucho misterio, ya que no es un bizcocho en el que haya que airear la masa ni nada por el estilo, suele quedar bien, yo le tengo cogido el punto haciéndola así y son muchos años ya. También se puede hacer en maquinas o robots tipo La Cocinera, Fussioncook o similar y supongo que más o menos a la misma temperatura y tiempo, de hecho esta receta me la dio una amiga que tenía el robot de La Cocinera. Queda como con una consistencia de flan más compacto, denso y firme, más duro y gomoso, con el exterior un poco seco, no sé si me explico, si no lo he expresado bien probad a hacerla y lo comprobaréis.

6. Dejar finalmente templar un poco para desmoldar y servir fría o templada, solo o acompañada. Recién hecha nos encanta en mi casa pues la textura es más blandita y suave.







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