Planeta Cereza: Turismo

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viernes, 15 de febrero de 2019

La Real Cocina. Las cocinas del Palacio Real de Madrid.





A los que nos gusta enredar en la cocina nos da un poco igual que esta sea propia o ajena. Supongo que todos preferimos la propia, por aquello de que en ella tenemos todas nuestras cosas y organizadas a nuestro modo, pero algunos de nosotros envidiamos, al menos yo, cocinar o mejor tener una de esas cocinas enormes que salen en los programas de televisión, repletas de armarios, de utensilios y electrodomésticos súper modernos, con todo lo que necesitas para elaborar todo lo que se te ocurra porque sale de la nada como por arte de magia, con unas encimeras lo suficientemente grandes como para subirse y dar una clase de baile y además con una isla en medio... Cocinas paradisíacas !! Vamos, lo que yo no tengo, ni he tenido, ni creo que tenga nunca.

Si algún día me tocase la lotería, he pensado alguna vez, tendría una cocina como la de un palacio. Eso suponiendo que supiese (que hasta ahora no lo he sabido) como eran o son las cocinas de los palacios, ya que no son lugares que frecuento habitualmente, pero adivino que estas son bastante grandes. La cocina del Palacio Real de Madrid, la Real Cocina, que acabo de conocer, es efectivamente grande, enorme como es de imaginar, y también a mi entender muy bonita. Es una cocina histórica, el ejemplo de cocina histórica mejor conservado hasta nuestros días de todas las cocinas de los grandes palacios reales de las capitales europeas, con unos 800 metros cuadrados de exposición, es decir lo que ocupan las estancias que podemos recorrer sin contar los que ocupan algunas dependencias que no se visitan como despensas, lavaderos, retretes, almacenes, armarios, vestíbulos.... que entre todos suman unos 2000.

















Suponer que en un gran palacio real no van a existir problemas de espacio es una ideal equivocada y resulta que he leído que cuando se le encargó al arquitecto Giambattista Sacchetti la continuación del grandioso proyecto de construir el nuevo palacio real sobre el solar del antiguo Alcázar de Madrid destruido por un incendio en la Nochebuena de 1734, proyecto encomendado en un principio a su maestro Filippo Juvara fallecido en 1736, este tuvo dificultades para el emplazamiento de la cocina regia pues tenía que albergar en el primer y segundo sótanos no solo los oficios de "casa y boca" sino también las Secretarías del Despacho, por lo que la escasez de espacio le obliga a dar prioridad a las oficinas disponiéndolas en el primero y emplazando las cocinas al segundo sótano, pero dada la poca luz y ventilación, y teniendo en cuenta la opinión de los jefes de los oficios, se vio forzado a disponerlas en la misma planta donde están actualmente.














La disposición actual de la Real Cocina en la parte oriental del Palacio Real se debe finalmente, después de los cambios que hizo Carlos III sobre el proyecto inicial, a las mejoras realizadas en 1861 durante el reinado de Isabel II cuando se instalaron según fueron concebidas originalmente por Sacchetti en 1748 y se acometieron en 1861 algunas obras ya que se habían quedado algo anticuadas en cuanto a hornos, fogones, calderas, estufas etc... poniéndolas al día según la influencia y gusto parisino. Posteriormente con los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII sufrió otras renovaciones y mejoras hasta 1930, año en el que se proyectaron otras obras que ya no llegaron a realizarse.

















Las cocinas del Palacio Real de Madrid se puede visitar desde octubre de 2017 ya que han sido restauradas por Patrimonio Nacional con diversas actuaciones durante dos años (rehabilitación de los espacios, restauración de gran parte del material expuesto, iluminación museística...) para convertirlas en exposición permanente. La visita no es guiada sino solo acompañada, aun así alguna cosa interesante siempre te cuentan, aparte de lo que informa el folleto y los paneles informativos, y se puede realizar de manera independiente de la visita del Palacio. Se puede comprar la entrada online o presencialmente si vas pronto, por 5 euros.

El recorrido de la visita a la cocina real, que dura unos 30 minutos aproximadamente, comienza en el Patio Central del palacio desde donde se accede a través de la escalera del Príncipe a la Galería del Ramillete o de persianas, de ahí se pasa a la portería de la cocina y desde esta a las dependencias más importantes donde veremos todos los utensilios y equipamiento de la cocina: la Cocina del Ramillete o de la Repostería, el Taller de Repostería, la Antecocina, Despensa o Sala de preparación, la Cocina grande o Sala de fogones y por último al Cuartón o Cava y Botillería.








Al final de la visita, en la tienda de recuerdos del palacio, compré el libro "La Real Cocina. Las cocinas del Palacio Real de Madrid. 1760-1931" escrito por José Luis Sancho, investigador de Patrimonio Nacional y editado con motivo de esta restauración. El libro describe perfectamente la interesante historia y el uso de esta cocina, que sufrió desde el principio cambios de emplazamiento, reformas y renovaciones. Merece la pena su lectura, lo poquito que he escrito aquí no son ni dos líneas de todo lo que en él se cuenta. Tiene además unas fotos preciosas, mejores que las mías, aunque yo también me he esforzado por sacarlas sin visitantes. No eramos muchos, unas veinte personas. Actualmente y desde el cese de la residencia regia en 1931 no se usa esta cocina. La última vez creo recordar que dijo el personal acompañante que fue en la que por el momento es la última boda real, la del actual rey Felipe VI, para emplatar ya que para cocinar cuando hay eventos que lo requieran se usan otras cocinas industriales que hay en otra planta del palacio.



REAL COCINA DEL PALACIO REAL DE MADRID

Dirección: Plaza de Oriente. Madrid
Horarios:
De octubre a marzo: todos los días de 10:15 - 17:00 h.
De abril a septiembre: todos los días de 10:15 - 19:00 h.

Días de cierre en 2019:
1  y 6 de enero, 1 de mayo, 12 de octubre y 25 de diciembre: cerrado en jornada completa
24  y 31 de diciembre: cerrado a partir de las 15:00

 Además de los cierres ya previstos, puede haber cierres adicionales motivados también por la celebración de actos oficiales que puede consultar en la lista de cierres por actos oficiales (www.patrimonionacional.es)

 Acceso visitantes: puerta de la explanada de la Almudena, esquina Calle Bailén.






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viernes, 7 de septiembre de 2018

Tejiendo la calle. Valverde de la Vera.






Valverde de la Vera es un bonito pueblo extremeño que se encuentra a una hora escasa en coche de la localidad donde paso parte de mis vacaciones de verano. Desde hace cinco o seis años, sé que en las calles de esta localidad verata, se llevan instalando, durante el mes de agosto principalmente, parasoles gigantes de ganchillo confeccionados con bolsas de plástico recicladas: Sí, parasoles y mantones tejidos con un hilo hecho de las bolsas de plástico de la compra o incluso también las de la basura, y por ello, y porque me encanta esta técnica de tejer, tengo desde hace todo este tiempo ganas de ir a verlos. Pero me ocurre que, como conozco bien la zona y desde hace años, y en muchas ocasiones, he recorrido con detenimiento toda la comarca, he visitado la mayoría de sus pueblos, me he bañado en sus gargantas naturales, he comprado mucho pimentón y probado otros muchos productos típicos... pues al final la pereza y la vaguería del verano me vencen año tras año y he acabado pasando todos estos últimos veraneos sin visitar estas efímeras instalaciones públicas de arte popular que cada vez son más conocidas. Imperdonable.








 









El proyecto que ha hecho posible que las calles y plazas del pueblo se engalanen con estos coloridos trabajos, tamaño XXL, que le dan ese pretendido aire festivo por el que fueron concebidos, se llama "Tejiendo la calle", una iniciativa que emprendió en 2013 la Asociación Cultural y Juvenil La Chorrera de la mano de la arquitecta y diseñadora Marina Fernández Ramos, natural de Valverde, como un taller colectivo y participativo para todos, para los que supiesen tejer y para los que quisieran aprender. El proyecto artístico, muy premiado (premio al Diseño y Participación Ciudadana | UCCI de la Bienal Iberoamericana de Diseño 2016), lleva ya seis ediciones y está diseñado como un espacio abierto donde caben nuevas ideas y diseños y también como un espacio de encuentro donde niños, jóvenes, mayores, ancianos, hombres y mujeres, colaboran unidos durante todo el año en la realización de las labores que serán expuestas en un espacio público, no solo para engalanar y adornar las calles del pueblo, o para actuar como toldos contra el sol y el calor, sino para dar la bienvenida a las fiestas de agosto a todo aquel que regresa a Valverde por estas fechas o a quien quiera visitar durante ese mes el pueblo parada obligada e imprescindible para los turistas que recorren la comarca de La Vera.












 












Valverde es un pequeño municipio cacereño de unos 500 habitantes, rico en arquitectura popular característica de la zona, con un bonito casco urbano, casas tradicionales, balcones de madera, castillo, iglesia, ermitas, pilones, reguerillas de agua por el medio de las calles(regateras creo que se llaman), soportales, rollo, plaza mayor, calles estrechas y ahora además, preciosos parasoles de ganchillo. Valverde, también conocido por los Empalaos de Jueves Santo, fiesta declarada de Interés Turístico de Extremadura de la que se tiene noticia desde 1522, bien merece una buena visita para empaparse de su sabor a pueblo valverdano, pasear por sus calles, fotografiar sus rincones y sus parasoles de crochet, que se han convertido en un atractivo nuevo y en reclamo turístico sin igual, si tienes la suerte de hacerlo durante estas fechas. Si no siempre podrás volver el próximo año cuando vuelvan a instalarlos para darnos la bienvenida, entre otros, a todos los que regresaremos sin falta.





















Todas las fotografías pertenecen a Planeta Cereza. Me hubiera gustado mostrar todos y cada uno de los parasoles y mantones, intenté fotografiarlos todos porque todos me parece que tienen un valor extraordinario, pero algunas fotos me quedaron mal o se quemaron con el sol. El año que viene vuelvo a por más









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