Planeta Cereza

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viernes, 15 de febrero de 2019

La Real Cocina. Las cocinas del Palacio Real de Madrid.





A los que nos gusta enredar en la cocina nos da un poco igual que esta sea propia o ajena. Supongo que todos preferimos la propia, por aquello de que en ella tenemos todas nuestras cosas y organizadas a nuestro modo, pero algunos de nosotros envidiamos, al menos yo, cocinar o mejor tener una de esas cocinas enormes que salen en los programas de televisión, repletas de armarios, de utensilios y electrodomésticos súper modernos, con todo lo que necesitas para elaborar todo lo que se te ocurra porque sale de la nada como por arte de magia, con unas encimeras lo suficientemente grandes como para subirse y dar una clase de baile y además con una isla en medio... Cocinas paradisíacas !! Vamos, lo que yo no tengo, ni he tenido, ni creo que tenga nunca.

Si algún día me tocase la lotería, he pensado alguna vez, tendría una cocina como la de un palacio. Eso suponiendo que supiese (que hasta ahora no lo he sabido) como eran o son las cocinas de los palacios, ya que no son lugares que frecuento habitualmente, pero adivino que estas son bastante grandes. La cocina del Palacio Real de Madrid, la Real Cocina, que acabo de conocer, es efectivamente grande, enorme como es de imaginar, y también a mi entender muy bonita. Es una cocina histórica, el ejemplo de cocina histórica mejor conservado hasta nuestros días de todas las cocinas de los grandes palacios reales de las capitales europeas, con unos 800 metros cuadrados de exposición, es decir lo que ocupan las estancias que podemos recorrer sin contar los que ocupan algunas dependencias que no se visitan como despensas, lavaderos, retretes, almacenes, armarios, vestíbulos.... que entre todos suman unos 2000.

















Suponer que en un gran palacio real no van a existir problemas de espacio es una ideal equivocada y resulta que he leído que cuando se le encargó al arquitecto Giambattista Sacchetti la continuación del grandioso proyecto de construir el nuevo palacio real sobre el solar del antiguo Alcázar de Madrid destruido por un incendio en la Nochebuena de 1734, proyecto encomendado en un principio a su maestro Filippo Juvara fallecido en 1736, este tuvo dificultades para el emplazamiento de la cocina regia pues tenía que albergar en el primer y segundo sótanos no solo los oficios de "casa y boca" sino también las Secretarías del Despacho, por lo que la escasez de espacio le obliga a dar prioridad a las oficinas disponiéndolas en el primero y emplazando las cocinas al segundo sótano, pero dada la poca luz y ventilación, y teniendo en cuenta la opinión de los jefes de los oficios, se vio forzado a disponerlas en la misma planta donde están actualmente.














La disposición actual de la Real Cocina en la parte oriental del Palacio Real se debe finalmente, después de los cambios que hizo Carlos III sobre el proyecto inicial, a las mejoras realizadas en 1861 durante el reinado de Isabel II cuando se instalaron según fueron concebidas originalmente por Sacchetti en 1748 y se acometieron en 1861 algunas obras ya que se habían quedado algo anticuadas en cuanto a hornos, fogones, calderas, estufas etc... poniéndolas al día según la influencia y gusto parisino. Posteriormente con los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII sufrió otras renovaciones y mejoras hasta 1930, año en el que se proyectaron otras obras que ya no llegaron a realizarse.

















Las cocinas del Palacio Real de Madrid se puede visitar desde octubre de 2017 ya que han sido restauradas por Patrimonio Nacional con diversas actuaciones durante dos años (rehabilitación de los espacios, restauración de gran parte del material expuesto, iluminación museística...) para convertirlas en exposición permanente. La visita no es guiada sino solo acompañada, aun así alguna cosa interesante siempre te cuentan, aparte de lo que informa el folleto y los paneles informativos, y se puede realizar de manera independiente de la visita del Palacio. Se puede comprar la entrada online o presencialmente si vas pronto, por 5 euros.

El recorrido de la visita a la cocina real, que dura unos 30 minutos aproximadamente, comienza en el Patio Central del palacio desde donde se accede a través de la escalera del Príncipe a la Galería del Ramillete o de persianas, de ahí se pasa a la portería de la cocina y desde esta a las dependencias más importantes donde veremos todos los utensilios y equipamiento de la cocina: la Cocina del Ramillete o de la Repostería, el Taller de Repostería, la Antecocina, Despensa o Sala de preparación, la Cocina grande o Sala de fogones y por último al Cuartón o Cava y Botillería.








Al final de la visita, en la tienda de recuerdos del palacio, compré el libro "La Real Cocina. Las cocinas del Palacio Real de Madrid. 1760-1931" escrito por José Luis Sancho, investigador de Patrimonio Nacional y editado con motivo de esta restauración. El libro describe perfectamente la interesante historia y el uso de esta cocina, que sufrió desde el principio cambios de emplazamiento, reformas y renovaciones. Merece la pena su lectura, lo poquito que he escrito aquí no son ni dos líneas de todo lo que en él se cuenta. Tiene además unas fotos preciosas, mejores que las mías, aunque yo también me he esforzado por sacarlas sin visitantes. No eramos muchos, unas veinte personas. Actualmente y desde el cese de la residencia regia en 1931 no se usa esta cocina. La última vez creo recordar que dijo el personal acompañante que fue en la que por el momento es la última boda real, la del actual rey Felipe VI, para emplatar ya que para cocinar cuando hay eventos que lo requieran se usan otras cocinas industriales que hay en otra planta del palacio.



REAL COCINA DEL PALACIO REAL DE MADRID

Dirección: Plaza de Oriente. Madrid
Horarios:
De octubre a marzo: todos los días de 10:15 - 17:00 h.
De abril a septiembre: todos los días de 10:15 - 19:00 h.

Días de cierre en 2019:
1  y 6 de enero, 1 de mayo, 12 de octubre y 25 de diciembre: cerrado en jornada completa
24  y 31 de diciembre: cerrado a partir de las 15:00

 Además de los cierres ya previstos, puede haber cierres adicionales motivados también por la celebración de actos oficiales que puede consultar en la lista de cierres por actos oficiales (www.patrimonionacional.es)

 Acceso visitantes: puerta de la explanada de la Almudena, esquina Calle Bailén.






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GRACIAS !!

lunes, 24 de diciembre de 2018

¡¡ Feliz Navidad !!





¿¿ Se acaba ya 2018 ?? ¡¡ Cómo puede ser si casi ni me he enterado !! Se me ha pasado volando, la verdad. Es lo que tienen los años normales, ni buenos ni malos, que corren tan deprisa como todos los demás. Menos mal que los días que aun quedan son para mí de lo mejor del año, de lo mejor de todos los años  ¡¡ Con diferencia !!


Todo el que está cerca de mí sabe que me encantan las navidades y que las espero con ilusión. Sin entrar en reflexionar sobre el verdadero significado de la Navidad o en si este ambiente de desmesurado consumo que vivimos estos días tiene que ver mucho o poco con el auténtico espíritu navideño o con la fiesta religiosa, las fiestas navideñas en sí, todo lo que rodea a la Navidad me encanta. Me gusta todo en general y en particular. Me gusta disfrutarlas, me gusta hacer de estos días algo especial, estar con mis amigos, tener más tiempo para mi familia. Me gusta la estética de la Navidad, adornar mi casa, elegir unos cuantos regalos, y entregarlos, comer dulces sobre todo, como que parezca que no hubiese un mañana o no existiera un siguiente mes de enero, ese mes en el que le pones la pila a la báscula del baño... Me gusta todo, desde siempre. Cosas que se hacen desde que era pequeña y cosas nuevas que se hacen con los años.


Últimamente estoy cada vez más rodeada de personas a las que contrariamente a mí no les gusta la Navidad, la Navidad en general (que por otra parte les entiendo ya que no somos todos iguales) y me temo que tampoco les gusta nada en particular. Nadie dice "no me gustan las vacaciones de Navidad y me quedo en la oficina, idos vosotros" o "no me gustan los langostinos ni tanto despliegue de comidas, no voy a cenar a ningún lado y me voy a tomar un yogur como todas las noches". Estoy bromeando, igual habrá quien sí, no sé, a saber !! sin embargo, si que noto que cada vez oigo más el "odio la Navidad", "odio ir a cenar donde mi suegra", "odio que vengan mis cuñados a casa", "odio tener que salir a comprar los regalos", "odio los villancicos, la pandereta y la zambomba"... Cada uno tiene sus circunstancias, sus razones o sus preferencias, el caso es que luego todo el mundo te felicita o te bombardea con whatsapps navideños y leerlos y pasarlos forman ya parte del ajetreo navideño como una cosa más.


De todo este trajín que se vive en estos días de "vete un día al centro a ver las luces y otro a ver si puedes comprar algo", "queda con amigos para cenas navideñas", "prepara comidas en casa que viene la familia"... y  mil cosas más agotadoras, con lo que más disfruto es con el festival de villancicos del cole, aunque mis hijos sean ya bastante mayores, y al hornear unas galletas de Navidad. No me pidáis que haga unas albóndigas, hornee un pollo asado, ponga unas lentejas o líe unas croquetas, que me salen francamente mal, y menos en estas fechas en las que estoy como todo el mundo a tope. Pero para unas galletas siempre estoy dispuesta y jamás me da pereza. Hago galletas todo el año, en ocasiones las llevo al cole por algún cumple, las hago también cuando alguien viene a casa a tomar un café, unas veces las regalo a quien me importa, otras forman parte de un detallito de compromiso, algunos años las de Navidad las cuelgo en el árbol....


Estas galletas de mantequilla con las que despido el año son de mantequilla sin más, sin jengibre ni canela. Saben parecidas a las danesas de la lata azul, con esto quiero decir que están espectaculares,  son muy sencillas de realizar, me sirven también para publicarlas una y otra vez en este blog, pues son muy recurrentes, y como las he marcado con este rodillo con motivos de Navidad son las he utilizado para mi felicitación navideña de 2018.







GALLETAS DE MANTEQUILLA 


- 135 gr. de mantequilla
- 100 gr. de azúcar
- 1 huevo
- 2 cucharaditas de postre de aroma de vainilla 
- 250 gr. de harina 


1. Batir en un bol o recipiente la mantequilla a temperatura ambiente o ablandada, partida en dados, junto con el azúcar. Antes utilizaba la batidora Minipimer o incluso lo hacía a mano, pero ahora tengo una preciosa batidora roja tipo Kitchen Aid que me facilita mucho el trabajo.

2. Agregar un huevo entero y seguir batiendo.

3. Añadir las dos cucharaditas de aroma de vainilla y remover o dar un golpe de batidora.

4. Ir incorporando poco a poco la harina tamizada y seguir batiendo. En este paso cambio las varillas por el accesorio de amasar porque al llevar mucha harina la masa se vuelve muy compacta.

5. Cuando la masa ya ha admitido toda la harina nos ayudamos de una espátula o cuchara para despegar la masa que se ha quedado adherida a las paredes del recipiente, le damos forma de bola con las manos, envolvemos con plástico transparente y dejamos reposar una o dos horas en la nevera. A veces también la estiro primero con el rodillo y la refrigero después, depende del tipo de galletas que vaya a hacer con la masa.

6. En este caso he estirado la masa con el rodillo alisador estirándola hasta llegar al grosor  de algo más de medio centímetro. A continuación la he dejado reposar en la nevera hasta que se endureciese un poco, no en exceso, y pasado este tiempo, la he sacado para empezar a marcar el dibujo con el rodillo de motivos navideños. El truco está en conseguir una temperatura ideal para conseguir que se marque perfectamente el dibujo. Hay que ayudarse espolvoreando harina en la superficie para que no se pegue el rodillo.

7. Cortar las galletas con el cortapastas elegido, disponer en una bandeja de horno sobre papel vegetal y volver a introducir en la nevera para que se mantengan bien marcados los dibujos. Si la masa está muy caliente se ablanda y se desdibujan.

8. Precalentar el horno a 170 grados y hornear durante 20-22 minutos en la bandeja del medio del horno. 

9. Sacar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla. 







Todas las fotografías pertenecen a Planeta Cereza. Son muy pocas para tantas líneas, nada más tres fotos que he hecho rápidamente con el móvil a las 15-16 galletas que he podido salvar de la hornada. Entre dos o tres que se me han roto, otras dos que "mami, me las como porque se te han quemado un poquito", otras dos que "mami, me las llevo al cole para enseñarlas" y otras dos que me las como yo misma calentitas, recién sacadas del horno, para ver que tal me han salido... me quedé con muy pocas. Se que algunos años me esmero más, tanto en las galletas como en las fotografías, pero si me espero un poco a sacar la cámara buena entre que voy y vengo... me quedo sin felicitación navideña.

De todo corazón...


¡¡ FELIZ NAVIDAD !!



Felices Fiestas a todos. Disfrutad.



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viernes, 12 de octubre de 2018

Mermelada de higos verdes.





Me encanta comer y cocinar alimentos de temporada, sobre todo frutas y hortalizas. Quiero decir que me gusta hacerlo cuando están realmente en temporada, claro. Aunque muchos alimentos los podemos encontrar hoy en día en cualquier tienda durante todo el año, o en la mayoría de los meses, porque los traen desde otros puntos del planeta prácticamente el mismo día en el que salen del huerto o los recogen del árbol, lo cierto es que todos o casi todos estos productos "de huerta" tienen un "mejor momento" y en ese mejor momento son más baratos, hay más abundancia, están más al alcance y además están más ricos.

Ya es otoño, recién estrenado, y yo ya estoy salivando con todo lo que me voy a encontrar en los próximos meses en mercados, mercadillos, tiendas o supers, cuando todos los puestos o  mostradores de estos establecimientos se llenen con los colores y los productos otoñales: calabazas, uvas, castañas, granadas… Empieza la temporada de algunos y la de otros, los propios del verano, se acaba. Los higos que tanto me gustan y que he utilizado para hacer esta receta, tan verdes y tan bonitos, casi ya ni se ven, aunque todavía podamos encontrar algunos, algo más “chuchurríos”, en algunas fruterías ya que su temporada va desde junio a finales de septiembre, prolongándose incluso hasta noviembre según el clima o la zona. No son como digo de estas semanas pasadas sino que fueron cogidos  a finales de verano, en esa época de transición de fin de verano - principios de otoño, que algunos llaman verano tardío (y otros veroño, por el buen tiempo que hace justo cuando comienza la nueva estación) lo que ocurre es que, como me pasa habitualmente, desde que hago la receta y las fotos hasta que la publico, pasa un rato largo. Un poco más y me pongo en Navidad. Cosas de tener una agenda como la mía !! Esta época a la que me refiero, en la que todavía los días son largos y tengo también algo más de tiempo, se convierte con tal variedad de hortalizas, verduras, frutos secos o frutas que existe, en un momento de máxima producción en mi cocina, donde las recetas de tartas con fresas, mermeladas de moras o postres con cerezas, que todavía alguna hay, dan paso o incluso se entremezclan con las de cremas o bizcochos de calabaza y las salsas de ciruela, y si me apuras un poco casi que con las croquetas de boletos que ya me van saliendo muy ricas después de varias intentonas.






El higo es casi la única fruta que no me da pereza comer nunca aunque me manche los dedos y se me queden pegajosos, es más, me encanta manchármelos y chuperretearlos, porque es una fruta tan dulce que disfruto enormemente haciéndolo, a otros les pasa con los langostinos o las gambas. Me da igual comer los higos directamente del árbol que comer la mermelada que preparo con ellos y con la que también me pringo, aunque reconozco que lo primero tiene para mí mucho más encanto. Mermelada de higos no hago nunca en grandes cantidades para almacenar, realmente ni de higos ni de cualquier otra fruta, solo hago dos o tres botes, los que salgan, más otro par más para tener en uso los primeros días, con los higos que suelo coger en septiembre de mis propias higueras. Dicho así parece que sea una terrateniente pero no, solo tengo una pequeña finca que da unos higos buenísimos y cuatro cosillas más. Siempre reservo en este mes un fin de semana para volver al pueblo, disfrutar de los últimos coletazos del verano, cerrar la casa y coger algunos higos de las dos higueras que poseo, de los cuales me como los más bonitos los primeros, esos que resultan los más apetecibles y empleo los más feos que voy dejando para realizar alguna receta. Si utilizas para elaborar mermelada esos higos que van quedando, como digo más feuchos, porque están algo más pasados o más maduros, mejor, porque tienen más sabor pero conviene no pasarse en el punto de maduración porque si no se perdería la pectina natural de la fruta que actúa como espesante. Si no, si los higos que tienes están poco hechos, siempre puedes dejarlos macerar desde la noche anterior en el azúcar y el limón e irán soltando poco a poco su jugo, y también saldrá estupenda.






La mermelada de higos es, como casi cualquier mermelada, una receta muy sencilla de hacer aunque, como todo, cada uno la hace a su manera. Con algunos pequeños trucos que cada cual utiliza puede quedar perfecta, o por lo menos a su gusto. Yo la hago siempre igual, como la hice la primera vez, porque así me encanta, y esta es la receta que voy a compartir. Me gusta como queda con una textura fina y una consistencia perfecta para mí. Algunas personas pelan los higos y otras no (en esta ocasión unos los he pelado y otros no porque tenían buena piel), unos emplean azúcar blanco, otros azúcar moreno, como es mi caso, de ahí ese color tan oscuro, y hay quien usa panela en polvo. También hay quien añade manzana y quien no lo hace, incluso algunos le pone un toque de canela, y sobre las proporciones entre fruta y azúcar, pues depende, yo le pongo menos de la mitad del peso de los higos, como un treinta por ciento aproximadamente porque estos higos ya son lo suficientemente dulces y porque tiendo a rebajar un poco el azúcar en algunas recetas. Los higos tienen una cantidad media de pectina por lo que yo es necesario añadir mucha cantidad de azúcar ni prolongar su cocción en exceso, si acaso poner un poquito de manzana. En cualquier caso, se haga como se haga, yo pienso que siempre que se la dé mínimamente el punto, en cuanto a sabor estará seguro más que buena.


La mermelada en sí es algo muy calórico, no voy a decir que no. Tiene un valor energético alto debido a la cantidad elevada de azúcar que lleva, sin embargo, y a pesar de su mala prensa en este sentido, la ingesta de la de higos es recomendada, en cantidades moderadas, por muchos nutricionistas y dietistas ya que compensa por las múltiples propiedades que tiene esta fruta nutritiva y jugosa. Los azúcares naturales que tienen los higos y que hacen que sea una fruta tan dulce reducen la necesidad que tenemos a veces después de comer de tomar como un caprichito algún postre elaborado lleno de calorías. Los higos son saciantes y también proporcionan energía, vitaminas y muchos minerales como el potasio, del que tienen un alto contenido. Por otra parte controlan el nivel de presión arterial, reducen el colesterol malo , previenen enfermedades cardiovasculares y como son ricos en fibra, facilitan una buena digestión entre otras cosas.


Cualquier mermelada me resulta perfecta para acompañar unas tostadas en el desayuno Me gustan casi todas pero cuando tengo la de higos casera suelo comerla así pues la mermelada de higos no es de las más abundantes en las estanterías del supermercado, y la casera está infinitamente mejor. Pero como realmente me parece deliciosa es combinándola con un poco de queso (esto a gustos !! para mí con queso brie) y/o jamón serrano o paté. En ocasiones también realizo con ella una trenza de hojaldre rellena de mermelada de higos y jamón serrano que es algo muy fácil y sencillo de realizar: una lámina de hojaldre rectangular que dividimos imaginariamente en tres partes longitudinales, poniendo el relleno en la del centro y cerrando con los flecos que habremos cortado en las otras dos partes exteriores. Esto está muy rico y cualquier día de estos lo hago ahora que vuelvo a tener mermelada de higos casera.







MERMELADA DE HIGOS VERDES.



Ingredientes:

-  1 kilo de higos verdes (variedad cuello de dama)

-  300 gramos de azúcar moreno

-  ½ limón o 1 limón pequeño

-  media manzana (opcional)



1. Se lavan y se parten los higos enteros con su piel, eliminando alguna parte fea si la hay y los rabitos . Se disponen en una cazuela.

2. Se incorpora el azúcar, se remueve y se deja macerar durante una hora o dos para que la fruta suelte su jugo. Si los higos están poco maduros se pueden dejar macerando desde el día anterior y si la fruta está bastante madura este paso tampoco es que sea necesario. El azúcar es el conservante de la mermelada.

3. Añadir el limón muy bien pelado y cortado en trozos El limón se puede añadir también en zumo antes de la maceración pues ayuda a que la fruta suelte el jugo. El limón es el que aporta el ácido a la mermelada y el que ayuda a activar la pectina.

4. Opcionalmente podemos añadir media manzana troceada para aportar algo más de pectina que es el espesante de la mermelada. La manzana acelera este proceso y así ahorramos tiempo de cocción.

5. Poner a cocer la mezcla, tapada, a fuego medio, durante 20 o 30 minutos. Ir removiendo con una paleta o cuchara de madera para que no se pegue a la cazuela teniendo cuidado en no quemarse ya que salta un poco. No prolongar mucho el tiempo de cocción ya que, aunque se vea una consistencia algo líquida, al enfriar se espesa y además si nos pasamos quedaría demasiado dulce.

6. Si preferimos una textura que no sea muy gruesa y que no se noten los trozos de fruta podemos triturar un poco con la batidora de mano en la propia cazuela.

7. Una vez que se enfría la mermelada está lista para consumir pero si queremos conservarla y que nos dure muchos meses o hasta un año, hay varios métodos para envasarla al vacío. Yo lo que hago es esterilizar los frascos de cristal junto con sus tapas hirviéndolos en agua durante 30 minutos, los saco con unas pinzas transcurrido este tiempo, los dejo escurrir, los relleno hasta el borde, los cierro herméticamente, los doy la vuelta y pongo boca abajo, los dejo enfriar y ya después los decoro.







Todas las fotografías pertenecen a Planeta Cereza pero las etiquetas tan bonitas que aparecen en los botes de la mermelada son  obra de Alicia Sánchez Jiménez, quien las ha diseñado, dibujado y compartido gratuitamente (Gracias !!)



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viernes, 7 de septiembre de 2018

Tejiendo la calle. Valverde de la Vera.






Valverde de la Vera es un bonito pueblo extremeño que se encuentra a una hora escasa en coche de la localidad donde paso parte de mis vacaciones de verano. Desde hace cinco o seis años, sé que en las calles de esta localidad verata, se llevan instalando, durante el mes de agosto principalmente, parasoles gigantes de ganchillo confeccionados con bolsas de plástico recicladas: Sí, parasoles y mantones tejidos con un hilo hecho de las bolsas de plástico de la compra o incluso también las de la basura, y por ello, y porque me encanta esta técnica de tejer, tengo desde hace todo este tiempo ganas de ir a verlos. Pero me ocurre que, como conozco bien la zona y desde hace años, y en muchas ocasiones, he recorrido con detenimiento toda la comarca, he visitado la mayoría de sus pueblos, me he bañado en sus gargantas naturales, he comprado mucho pimentón y probado otros muchos productos típicos... pues al final la pereza y la vaguería del verano me vencen año tras año y he acabado pasando todos estos últimos veraneos sin visitar estas efímeras instalaciones públicas de arte popular que cada vez son más conocidas. Imperdonable.








 









El proyecto que ha hecho posible que las calles y plazas del pueblo se engalanen con estos coloridos trabajos, tamaño XXL, que le dan ese pretendido aire festivo por el que fueron concebidos, se llama "Tejiendo la calle", una iniciativa que emprendió en 2013 la Asociación Cultural y Juvenil La Chorrera de la mano de la arquitecta y diseñadora Marina Fernández Ramos, natural de Valverde, como un taller colectivo y participativo para todos, para los que supiesen tejer y para los que quisieran aprender. El proyecto artístico, muy premiado (premio al Diseño y Participación Ciudadana | UCCI de la Bienal Iberoamericana de Diseño 2016), lleva ya seis ediciones y está diseñado como un espacio abierto donde caben nuevas ideas y diseños y también como un espacio de encuentro donde niños, jóvenes, mayores, ancianos, hombres y mujeres, colaboran unidos durante todo el año en la realización de las labores que serán expuestas en un espacio público, no solo para engalanar y adornar las calles del pueblo, o para actuar como toldos contra el sol y el calor, sino para dar la bienvenida a las fiestas de agosto a todo aquel que regresa a Valverde por estas fechas o a quien quiera visitar durante ese mes el pueblo parada obligada e imprescindible para los turistas que recorren la comarca de La Vera.












 












Valverde es un pequeño municipio cacereño de unos 500 habitantes, rico en arquitectura popular característica de la zona, con un bonito casco urbano, casas tradicionales, balcones de madera, castillo, iglesia, ermitas, pilones, reguerillas de agua por el medio de las calles(regateras creo que se llaman), soportales, rollo, plaza mayor, calles estrechas y ahora además, preciosos parasoles de ganchillo. Valverde, también conocido por los Empalaos de Jueves Santo, fiesta declarada de Interés Turístico de Extremadura de la que se tiene noticia desde 1522, bien merece una buena visita para empaparse de su sabor a pueblo valverdano, pasear por sus calles, fotografiar sus rincones y sus parasoles de crochet, que se han convertido en un atractivo nuevo y en reclamo turístico sin igual, si tienes la suerte de hacerlo durante estas fechas. Si no siempre podrás volver el próximo año cuando vuelvan a instalarlos para darnos la bienvenida, entre otros, a todos los que regresaremos sin falta.





















Todas las fotografías pertenecen a Planeta Cereza. Me hubiera gustado mostrar todos y cada uno de los parasoles y mantones, intenté fotografiarlos todos porque todos me parece que tienen un valor extraordinario, pero algunas fotos me quedaron mal o se quemaron con el sol. El año que viene vuelvo a por más









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