Planeta Cereza

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viernes, 18 de mayo de 2018

Meninas Madrid Gallery





Las meninas de Velázquez están consideradas imagen icónica del Arte de este país y a la vez una de las figuras más representativas de Madrid, con esa silueta de la vestimenta y del cabello tan característica que ha sido plasmada en multitud de souvenirs de la ciudad: figuritas, tazas, camisetas, dedales, bolígrafos, marcapáginas.... No existe tienda de recuerdos de Madrid en la que no encuentres alguna menina en cualquier forma, sería muy raro. También es extraño que exista alguien interesado en el mundo del Arte, o en la Historia del Arte español o internacional, que no conozca el cuadro La familia de Felipe IV, pintado con tanta maestría y complejidad en 1656 por Diego Velázquez, pintor de corte en el reinado de dicho rey, y popularmente conocido como Las Meninas, una de las obras maestras del Siglo de Oro. 

Antes de que se conociese al cuadro como Las Meninas, modo en el que aparece citado a partir de 1843 en el catálogo del Museo del Prado redactado por Pedro de Madrazo,  ya se referían a él en algunos inventarios más antiguos de diversas maneras, pero parece ser que fue Antonio Palomino, tratadista y pintor barroco español, quien en una descripción que hizo de la pintura, denominó "meninas", palabra de origen gallego o portugués, a las damas de honor que aparecían en el cuadro junto a la Infanta Margarita Teresa de Austria, que eran una especie de  doncellas acompañantes de la reina o de las infantas reales hasta su mayoría de edad, de ahí el nombre con el que es ampliamente reconocido.










Han sido muchos los artistas que han estado influidos por el cuadro y han realizado otras muchas obras a partir de él, especialmente inspirados en la figura de estas meninas, sobre todo desde el siglo XIX, ya que la obra no alcanzó renombre internacional hasta que fue expuesta en el Museo del Prado, inaugurado este en el año 1819. Hasta ese momento fue una obra casi desconocida ya que pertenecía al ámbito de lo privado y había estado decorando las paredes del antiguo Alcázar de Madrid residencia de los Austrias, de dónde se salvó del incendio que lo destruyó en 1734, y después del actual Palacio Real de Madrid

Goya, Joaquín Sorolla, Picasso, Dalí, Equipo Crónica… numerosos artistas posteriores a Velázquez y también contemporáneos, quedaron impresionados por su obra e inspirados por este enigmático cuadro realizaron su propia versión o reinterpretación como homenaje y tributo al genial artista y a su obra Las Meninas. Es ahora Antonio Azzato, diseñador y artista urbano venezolano, de origen italiano y madre española, estudioso durante muchos años de la pintura de Velázquez, especialmente del cuadro de Las Meninas, quien ha sacado a las meninas del museo a la calle, para hacer una nueva reinterpretación de esta icónica figura con el fin de "liberar de la opinión del observador tradicional el objeto Menina, para re-vestirla semánticamente". Con esta original iniciativa ideada por Azzato, denominada Meninas Madrid Gallery, el artista ha inundado Madrid con 80 esculturas de meninas de gran tamaño las cuales podremos ver durante tres meses, desde el 15 de abril al 15 de julio, convirtiendo a la ciudad en un auténtico museo callejero de arte contemporáneo para promocionar y potenciar la ciudad como Capital de Moda.






 



Imágenes de meninas vamos a encontrar muchas durante estos meses por diversos lugares de Madrid, decoradas desinteresadamente por distintos creadores, artístas, personajes famosos y otras personalidades con fines benéficos. Las esculturas, realizadas en fibra de vidrio, de 1,80 metros de alto y 30 kilos de peso, y colocadas sobre peanas compactas de 200 kilos cada una para evitar los robos, han sido ubicadas en plazas, esquinas, puntos emblemáticos y lugares públicos de interés más importantes de Madrid y con más afluencia de visitantes para promocionar el comercio y el turismo de compras en la ciudad. Esta original exposición urbana, organizada mediante la colaboración del Ayuntamiento de Madrid, Acotex (Asociación Empresarial del Comercio Textil y Complementos) y otros patrocinadores privados (Iberia, Corte Ingles, Cocacola, Revista Hola, Liberty Seguros, Pitillos...), se enmarca dentro de la campaña Madrid Capital de Moda, una iniciativa que recoge "proyectos de moda, belleza, decoración, gastronomía y estilo de vida celebrados en la ciudad; empresas públicas y privadas que trabajan por promover la imagen de moda de Madrid a través de eventos y conceptos con identidad propia".  

Las meninas del proyecto Meninas Madrid Gallery han sido entregadas a los artistas y otros colaboradores en color blanco para ser decoradas, repintadas, tuneadas... respondiendo a la pregunta ¿Que es para ti Madrid? Actores como Marta Hazas o Jordi Mollá, cantantes internacionales como Carlos Baute, David Bisbal o Alejandro Sanz, diseñadores como Agatha Ruiz de la Prada o Lorenzo Caprile, modelos como Laura Ponte o Nieves Álvarez, pintoras como Guiomar Álvarez de Toledo o Mayte Spínola... por citar a unos pocos de los muchos que han colaborado en el proyecto, han respondido de una u otra forma a esta pregunta y han reinterpretado a la menina según su creatividad. Al acabar la muestra, en el mes de julio, algunas de ellas se subastarán a beneficio de asociaciones benéficas como la Fundación Aladina, la Fundación Créate o la Fundación Alenta, y otras viajarán a otros lugares, nuevamente en blanco, donde serán otra vez reinventadas.
















En la página web del proyecto Meninas Madrid Gallery podemos encontrar un mapa interactivo con la ubicación de las meninas. Las más alejadas están situadas, por lo que he visto en él, en algún punto del barrio de Arguelles, zona Plaza Castilla, Ifema, y el barrio de Carabanchel. Las demás están distribuidas dentro del perímetro que marcan estos cuatro puntos, concentrándose la mayoría en los sitios céntricos de mayor afluencia de lugareños y visitantes. Viendo el mapa, así a simple vista, sabía que me iba a ser imposible disponer de todo el tiempo necesario para fotografiar las 80 meninas que componen esta exposición urbana, Madrid es una ciudad bastante grande, y además serían muchas las fotografías a compartir, así que he decidido publicar solo las que me fui encontrando en un paseo por un espacio y en un momento concretos, cuando salí con mi cámara, y con mi amiga Nuria, este fin de semana pasado, a recorrer un circuito imaginario trazado entre la calle Serrano, Puerta de Alcalá, Plaza de Cibeles, Paseo del Prado, Plaza de Neptuno, Paseo de Recoletos, Plaza de Colón, Jardines del Descubrimiento y calle Goya. Creo que fueron 33 meninas en total las que vimos. Hay muchas más que he conocido tan solo a través de Instagram u otras redes y medios, y que no he podido ver aún, algunas de ellas me han encantado y seguramente vaya a buscarlas. También hay otras tantas nuevas que he ido encontrando estos días, desde que hice estás fotos hasta hoy que las publico, a cada paso, al pasar por otros puntos como la Plaza del Callao, la Playa Mayor o la Plaza de Oriente, y a las que he fotografiado con el teléfono móvil, pero que como son ya demasiadas lo dejo quizá para una segunda entrega. Ya veré.

Aquí os comparto las mejores fotografías de las muchas que hice. Unas un poco oscuras, otras algo más claras, pero es que el día estaba así, con nubes y claros, propio de la primavera en Madrid. Es realmente difícil hacerlas una foto sin que salga nadie en ella, pues casi todo el mundo quiere fotografiarse con alguna. Aunque en general están en buen estado, es una pena que varias estén algo pintarrajeadas, tengan pegada alguna pegatina o les falte algún elemento. De todas maneras son preciosas y merece la pena salir a encontrarse con ellas.





























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sábado, 31 de marzo de 2018

Galletas de Pascua





Muchas veces me ocurre que entro o paso por alguna tienda, veo moldes, herramientas, ingredientes o cualquier otra cosa relacionada con la repostería, lo compro y luego se me olvida que lo tengo. Una cajita mona por si algún día la pongo en la composición fotográfica de alguna receta; un colorante de color violeta por si algún día hago flores de azúcar con forma de violeta; una cucharita, platito o tacita rosa por si algún día las uso para este blog, porque aquí en este blog predomina el color rosa, y no el violeta (claro, cómo me voy luego a acordar de las violetas !!) o un cortador en forma de huevo de Pascua por si algún día se me ocurre hacer galletas de Pascua. Y después ocurre también, por ejemplo, que se acerca la Pascua y no me acuerdo de que tenía un cortador de galletas con forma de huevos de Pascua y mucho menos de que alguna vez lo compré no sé ni donde.


A veces es o puede ser un problema de memoria, no digo que no, pero en alguna ocasión, como en esta, es que realmente tampoco me acuerdo nunca de los huevos de pascua hasta que, cercanos a esta festividad, empiezo a ver escaparates de algunas tiendas llenos de huevos y conejitos de chocolate. Este año podría haberme pasado justo eso, lo primero, que se me olvidase que tenía un cortador de galletas en forma de huevo que compré precisamente para hacer algún día las galletas de Pascua y tuviese que improvisar algo rápidamente porque me gusta hacer postres típicos o tradicionales en fechas señaladas, pero no, esta vez estaba al tanto porque hace poco, haciendo limpia en casa, encontré en un cajón una bolsa con varias cosillas que compré el año pasado en un viaje a la Alsacia francesa. En la Ruta por los pueblos floridos, o Ruta de los vinos de la Alsacia, que se suele hacer desde Colmar, y que hice (como para perdérsela !!) pasé por un pueblo precioso llamado Kaysersberg, precioso no, preciosísimo, y topé con una tienda muy chula "Pattyserie" donde compré muchos moldes y otros utensilios, diferentes de los que suelo tener a disposición en las tiendas que frecuento, "por si algún día !!". Allí compré entre otras cosas este cortador en forma de huevo con un conejillo en el centro. Es tan pequeño el cortador, y más aún el animalito, que me parecía difícil que este se marcase bien en la masa de la galleta a pesar de utilizar la receta de las galletas de encaje que sé que quedan con forma definida porque las he hecho muchas veces, así que lo he dejado para la decoración con fondant que llevan por arriba, y aunque ni el fondant ni la glasa son de mis decoraciones preferidas (es que no me gustan mucho), es tan sencillo de hacer que no ha quedado tan mal.







Incluso estando al tanto, como este año, para hacer algo antes de que llegara la fecha, hay que contar  también, como en cualquier entrada de recetas, con una cierta planificación: hay que tener la idea, preparar los ingredientes y disponer del tiempo necesario para la elaboración de las galletas, la edición de fotos, la redacción de la entrada etc... y entre unas cosas y otras lo mismo me daban las pascuas, o las uvas, como se dice. Yo siempre lo intento y si llego, llego, y si no tengo de Pascuas a Ramos para volverlo a intentar, pero estas las quería para regalar a mis hijos y mis "sobris" este Domingo de Pascua y los primeros, aun sabiendo de todos mis esfuerzos y del sprint final que hago para tenerlas listas en la fecha... al menor descuido que tenga en la cocina meten mano y me las intentan quitar. No creo que lleguen al Domingo, al menos que lleguen todas. Los sujeto un poco por aquello de que les digo que tengo que fotografiar la receta y de momento solo les doy las galletas más feas o alguna de las que se rompen. Y esta vez casi ni cuela. Normal, están tan buenas !!



GALLETAS DE CHOCOLATE Y CANELA


 Ingredientes:

- 425 gramos de harina común (he restado 25 gr. de los 450 por la incorporación del cacao)
- 125 gramos azúcar glass
- 150 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
- 1 huevo (mejor grande)
- 2 o 3 cucharadas soperas de cacao puro en polvo sin azúcar (cacao Valor)
- 2 cucharadas soperas de Golden Syrup
- 1 cucharadita de canela
- Aroma o extracto de vainilla (dos cucharaditas de aroma Vahine)
- 1 chorrito de leche para ligar la masa si se necesita







La primera vez que hice este tipo de galletas utilicé la receta original de Bea Roque, las Doily Biscuit, que vienen en su libro y en su blog (que a su vez seguían la receta de Martha Stewart ) y que se diferenciaba un poco de mi receta de galletas de mantequilla pero que era más adecuada para este tipo de galletas que llevan algún tipo de dibujo que tiene que quedar marcado y bien definido. Como he contado, el cortador es muy pequeño y me parecía que el conejo no iba a quedar demasiado bien. Hice la prueba y así ha sido, no parecía un conejo, incluso en el fondant alguno parecía más un perrito o bicho raro que un conejillo porque se deformaron un poco al manipularlo estando muy blando. En estas galletas de Pascua, por no repetir las recetas que ya he publicado, he incorporado chocolate en polvo y y una pizca de canela pues me gusta mucho ese toque y esa combinación. Juro que las galletas salen bastante marrones, y si se quieren más oscuras se puede añadir algo más de chocolate, pero el las fotos salen algo verdosas. Es cosa de hacer las fotos con el móvil en vez de con la cámara fotográfica.


1. Tamizar la harina y el chocolate con un tamizador, cedazo o colador grande y reservarla.

2. Batir en un bol grande la mantequilla, que debe estar a temperatura ambiente algo blandita, hasta que esté cremosa. Añadir el azúcar glass y continuar batiendo un poco más rara que se integren bien.

3. Incorporar el huevo entero o ligeramente batido.

4. Añadir a continuación las dos cucharaditas del aroma de vainilla, que a mí me gusta más que el extracto o la pasta de vainilla, y las dos cucharadas de Golden Syrup. Si lo habéis usado alguna vez sabéis que es un sirope de azúcar invertido con sabor a caramelo. Si no lo encontráis hay recetas para hacerlo casero o se puede también sustituir por miel de caña o melaza y creo que también por sirope de ágave. Seguir batiendo para integrar.

5. Incorporar poco a poco la harina a una velocidad más baja. Yo aquí es donde tengo que cambiar a la amasadora porque mi batidora ya no puede según la masa se va haciendo más consistente. Suelo terminar amasando a mano.

6. Si la masa se queda algo seca, o como desmigada, echamos un poquito de leche para poder ligarla. Con mi amasadora no queda una bola redonda de masa, como si lo hicieras en otro tipo de aparato, así que continuo amasando un poquito y dando forma con la espátula primero y después con las manos.

7. Se puede dividir la masa en dos porciones y estirar con un rodillo cada una de estas entre dos papeles de hornear o se puede, como suelo hacer yo, dividir en dos o tres bolas y después de ahí hacer más porciones individuales y alisarlas cuando ya está algo refrigerada. Cada cual como quiera trabajar su masa. La masa debería quedar con un grosor aproximado de 0,5 cm. El secreto realmente es la temperatura de la masa y cuando se da con el punto justo salen perfectas.

8. Refrigerar durante una o dos horas para que la masa repose y se endurezca (no en exceso) o meter al congelador durante unos minutos.

9. Dar forma a las galletas con el molde o cortapastas que se elija. En estas galletas corté la masa con un cortador en forma de huevo y corté el fondant con otro, el del conejo, de un tamaño casi igual. La masa no debe estar demasiado dura porque si no no se marca bien el dibujo ni tampoco muy blanda porque se pierde la forma enseguida. Debe estar a una temperatura adecuada y se va viendo con la práctica. Volver a meterlas a la nevera para que no se pierda el dibujo y se quede bien fijado. salen como 35 galletas aproximadamente. Yo solo he decorado con el fondant rosa unas cuantas porque realmente me gustan más sin la capa de azúcar que me resulta muy empalagosa. Aun así unas y otras están bastante ricas.

10. Hornear con el horno precalentado a 175º durante 10-15 minutos según el grosor o el tamaño hasta que estén un poquito doradas. Estas, en concreto, han estado 12 minutos.

11. Cuando estén horneadas dejarlas enfriar en la bandeja durante 5 minutos y después pasarlas a una rejilla hasta que se enfríen del todo.

12. Conservar en un recipiente hermético. 






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viernes, 16 de febrero de 2018

1.78 - Janet Echelman





Llegué antes de que anocheciese para verla sin iluminar y me quedé por allí, haciendo tiempo, un buen rato hasta que se encendieron, por una lado, las luces de la ciudad, y por otro, los focos instalados en la misma plaza donde está instalada para llenarla de luz y color. No tenía pensado escribir una entrada sobre ella, estoy algo vaga y hacerlo así tan rápido, improvisadamente, no sé, me da la sensación de que se nota no haberla preparado nada y me incomoda un poco. Solamente quería hacer una visita rápida: llegar, verla, sacar un par de fotos, publicar la mejor en instagram, de paso compartirla también en facebook (así mato dos pájaros de un tiro) y comentar después con algunos amigos "yo también la he visto". Pero su contemplación me impactó y me fascinó a partes iguales y me puse, como no, a sacar fotos hasta que se me acabó la batería, y aquí ando en este momento compartiendo unas cuantas de ellas. Parecen todas iguales pero no, el emplazamiento, la instalación, su forma y su color cambiante dan para tomar decenas de instantáneas únicas desde cualquiera de los ángulos de la plaza y sobre cualquiera de los ángulos de la propia escultura.








Me encanta la ciudad, en principio cualquier ciudad, me encanta el arte y, por descontado, me encanta también el arte urbano contemporáneo, especialmente las instalaciones temporales o las obras efímeras con las que, en ocasiones, los espacios urbanos te sorprenden a cada paso. La escultura flotante que se puede ver estos días en la Plaza Mayor de Madrid, sobre la estatua ecuestre de Felipe III, tiene por nombre 1.78 y es obra de la artista estadounidense Janet Echelman. Tiene un tamaño considerable: 45 metros de largo por 35 de ancho y 21 de alto y está formada por una malla anudada y sujetada por cordones de nylon y compuesta por capas de fibra trenzada con UHMWPE, un polietileno de peso molecular ultra alto, aunque estos no son los únicos materiales o componentes de la instalación sino que la propia autora cuenta con los edificios, los cielos y la luz como partes integrantes de la obra. 









1.78 debe su nombre al devastador terremoto y posterior tsunami que tuvieron lugar en Japón en 2011, en concreto a los 1.78 microsegundos que fue el tiempo en el que se acortó la longitud del día al acelerarse la rotación de la Tierra por el desplazamiento de masa del planeta provocado por las vibraciones de tales acontecimientos físicos. Echelman, o Echelman Estudio, porque la artista considera su arte como un trabajo en equipo por lo que cuenta con la colaboración de un buen número de profesionales de distintos camposgeneró la forma ondulante tridimensional de la escultura utilizando grupos de datos científicos reales sobre la altura de las olas del tsunami a lo largo de todo el Océano Pacífico, y el concepto plasmado en ella por la artista es el de que todos estamos conectados entre los distintos sistemas naturales de la Tierra, "cuando un elemento se mueve, cualquier otro elemento se ve afectado", dice Echelman. La escultura, flexible y ligera, se mueve gracias al viento o al clima cambiante, e invita al transeunte a detenerse, a desconectar del bullicio y de la frenética actividad de la ciudad y a mirar hacia arriba para "contemplar una manifestación física de la interconexión de los opuestos: lo suave y lo duro, la tierra y el cielo, las cosas que dominamos y las fuerzas que están más allá de nuestro control". La obra no solo explora la interacción compleja con todos los sistemas que nos rodean sino que profundiza también en la interconexión con los ciclos del tiempo en diversas escalas y así la escultura, que forma parte de la serie Earth Time Series, en la que lleva trabajando ocho años, es una especie de "investigación artística" sobre la relación entre nosotros y el tiempo, tiempo que puede referirse a un solo día o a los cuatro siglos en los que la plaza, donde ha decidido instalarla, ha reunido a millones de personas para distintas actividades.  "En los últimos cuatrocientos años, la gente se ha reunido en la Plaza Mayor para presenciar corridas de toros e incendios de la Inquisición española. Hoy nos reunimos con el arte que explora nuestro concepto del tiempo para debatir ideas. Esta es una trayectoria esperanzadora para la humanidad ".









Madrid es una ciudad especial para Janet Echelman ya que fue la ciudad donde creó su primera escultura integrada con la arquitectura, la cual estuvo instalada en 2001 en el patio de IFEMA para la feria de arte contemporáneo ARCO. Ahora Echelman vuelve con esta preciosa escultura que ya estuvo suspendida en 2016 sobre el bullicio de Oxford Circus, en Londres, y que ahora ha invadido  el espacio aéreo urbano del centro de Madrid con motivo del IV Centenario de la Plaza Mayor. 1.78 se puede contemplar a cualquier hora del día, del 9 al 19 de febrero, en la Plaza Mayor de Madrid, pero es especialmente bonita por la noche y merece una visita para contemplarla. La instalación está  incluida en el programa de celebraciones del Centenario y es la última de las cuatro intervenciones del programa de arte urbano Cuatro Estaciones, la correspondiente a Invierno. "Cuatro Estaciones" trajo en primavera la instalación Graffiti con Luz del el artista francés Antonin Fourneau junto al  grafitero SUSO33; en verano acogió el Laberinto de Residuos del colectivo Luz Interruptus, y en otoño colocó una gigantesca explanada de cesped gracias al artista SpY. El programa Cuatro Estaciones, una de las iniciativas organizadas por el Ayuntamiento de Madrid en el marco de la programación cultural diseñada para celebrar el IV Centenario de la Plaza Mayor, nació con el objetivo de transformar la Plaza Mayor a través del arte urbano y, coincidiendo con el inicio de cada estación, convertir este espacio tan característico de la ciudad de Madrid en un "patio de recreo artístico para todos los públicos". 














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