Planeta Cereza: Cuentos

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viernes, 14 de febrero de 2020

Libemor







Lo conocía desde hace tiempo pero no sabía con certeza quien era el autor del cuento Libemor. Había visto con frecuencia que aparecía como un relato anónimo, de autor desconocido, en muchos de los sitios web donde lo había encontrado, y también que aparecía, en otros tantos, como parte de dos libros del psicólogo mexicano Luis Gadea de Nicolás: “Escuela para padres y maestros” y “La vida afectiva”. Desconocía además si, en caso de que efectivamente estuviese vinculado con este autor, era de su autoría o solo había sido recogido y publicado por él. Investigando un poco ahora que he decidido publicarlo ya tengo claro que efectivamente fue escrito por este psicólogo y hasta él mismo es consciente de lo "plagiado, modificado y tergiversado" que ha sido en internet. 


Libemor es un relato que circula por numerosas páginas de autoayuda, psicología, crianza, poesía… como un cuento de amor. Un cuento sobre aprender a amar para enseñar a amar. Libemor pasa de página a  página, de blog en blog, en muchas versiones, más breves o más largas. Todos vamos difundiéndolas o compartiéndolas en nuestras redes y sitios, haciendo un copia y pega de la que hemos leído sin más o de la que más nos ha gustado, y así lo damos por bueno. En mi caso he elegido está versión larga de entre todas las que he leído porque es la que me ha parecido más completa, creo que es la original. Puedes estar más o menos de acuerdo con lo que dice acerca del amor y de los hilos que existen entre las personas, pero repito, a mí me gusta y por eso lo comparto. Y porque me encanta además su mensaje y la metáfora con el arte de tejer. Lo tenía en mente pendiente de buscar el mejor momento para publicarlo, no sabía si hacerlo el día del amor, el día de la madre, el día del niño o el día internacional de tejer en público…  en todos quedaría apropiado. Finalmente lo hago hoy que es (oficialmente) el día del amor y de eso trata.


Sé que muchas personas no están de acuerdo con que exista o más bien con que se celebre el Día de San Valentín, llámese también Día del amor, Día del amor y la amistad, Día de los enamorados, Día del Corte Inglés, Día más cursi del año…  Es una celebración con muchísimos detractores que nos suelen llamar horteras o cosas parecidas a los que sí lo celebramos (a ver por qué !!), un día del que muchos reniegan. Yo en cambio, sin caer en mi lado más cursi que también lo tengo,  considero que debería de haber más días al año para celebrar el amor en cualquiera de sus formas. Los bombones y el osito de peluche que abundan hoy en las tiendas es lo de menos, solo es anecdótico y un reclamo comercial, entre otros muchos, para parejas. Hay muchos tipos de amor y muchas formas de amar y de demostrar amor. Cada cual que elija la suya.


Me gusta particularmente llamar a este día 14 de febrero el Día del amor y la amistad (en algunos países este día se llama así). Soy una romántica empedernida y sin remedio, quien me conoce bien lo sabe. Me gustan las pelis de amor, los libros de amor, los besos de amor verdadero… y hasta admito bombones y ositos de peluche con un corazón rojo entre sus brazos, aunque de estos me caen pocos, todo hay que decirlo. Me amo a mi misma y amo a muchos de los demás. A mi familia siempre pienso que no se lo digo lo suficiente, que los quiero y los amo incondicionalmente, y no es que no se lo diga, lo digo y mucho, es que siempre me queda la sensación de que me quedo corta, pero intento constantemente demostrárselo, y a mis amigos… pues también se lo digo, por qué no, si es uno de los sentimientos más puros, la amistad entre las personas es un acto de amor sin duda alguna, no puede ser otra cosa ya que una amistad sin amor, a mi entender y al de muchos, solo es interés. 






Cuando era pequeña, en mi etapa escolar, odiaba las labores, las de coser, las de bordar…y las de tejer las que más. Mi pobre madre se terminaba ella los regalos que teníamos que hacer para el Día de la madre, y hasta se los envolvía. Luego yo se los entregaba en el cole y quedaba tan bien. No era capaz de terminar nada, ningún paño, cojín o mantel, ni los maceteros tejidos a macramé. Esto no es lo mío, pensaba entonces. Con el tiempo aprendí a apreciarlas (se ve que según el cuento me han amado mucho) y ahora me encantan, ahora soy yo la tejo, para mí y para otros, y todo lo tejo con amor. Las tejedoras somos muy dadas a decir esto, que tejemos con amor y a veces compartimos en las redes nuestros trabajos con la etiqueta “tejido con amor”. Tejer con amor no es evidentemente tejer corazones sino dar lo mejor de nosotr@s mismos en cada puntada y también deshacer enredos y nudos. El amor, entre otras muchas cosas, es una experiencia vital que todos en algún momento de nuestra vida, a cualquier edad y en cualquier dirección experimentamos. Siempre hay y habrá al menos quien nos quiera y de ese amor aprendemos a desarrollar en nuestro propio. Dicen que el amor se teje puntada a puntada. Sí, yo también lo creo. Y en cada acto, cada caricia, cada palabra o en cada beso sí hay amor se transmite amor. No creo que se pueda tejer sin amor, no puede existir tal cosa, al fin y al cabo cada puntada nace de un impulso que, de una manera u otra, tiene su origen en el corazón.


Podría seguir hablando del amor hasta el infinito pero sé que tanta letra con tan poca foto aburre. Os comparto a continuación el cuento Libemor y también os adjunto el enlace con el vídeo y el patrón del corazón rojo de crochet de la fotografía que he tejido “con amor” para ilustrar el cuento. Está realizado con lana Adriafil- Luccico y aguja de 4,5 mm.



LIBEMOR

Viajaba yo en un tren en el vagón fumador y venía absorto observando cómo en el sillón de enfrente una señora jugaba con su hijo de, más o menos, un año de edad. Ella estaba recostada en el cómodo sillón del tren y su hijo yacía encima de ella. Sus rostros se hallaban frente a frente y mantenían un juego secreto que a los dos hacía reír con ganas: se platicaban, se hacían gestos, se hacían cosquillas, se escondían; y yo, descaradamente, los veía porque su juego también a mí me acariciaba. De repente escuché una voz que me sacó del trance en que venía.—Le están tejiendo su Libemor —dijo la voz. Me di vuelta para ver quién me había hablado y me encontré con una muchacha bonita (después supe que era un Hada).—Sí —me dijo—, ¿no puedes verla?—No —respondí atónito—. ¿Cómo dijiste? —Dije que al niño le están tejiendo su Libemor.  Y, después de una breve pausa, añadió: “¡Ya casi está terminada!”. 

Como  en  los  trenes  uno  siempre  tiene  ganas  de  platicar  (especialmente  yo),  pregunté  intrigado:  “Explícame  qué  es  eso  de  Libemor”.  El Hada, que ya sabía que yo se lo iba a preguntar, estaba lista para revelarme un gran secreto (las Hadas no se aguantan las ganas de revelar secretos), y comenzó así:—El Mago Supremo dio a la humanidad un don maravilloso... le entregó las agujas Alfaga, que son las agujas mágicas con las que se teje la Libemor. Yo la miraba y escuchaba asombrado.—La Libemor —continuó el Hada— es la capa mágica que cada madre teje a sus hijos y con la cual les confiere un enorme poder: el poder de amar. Cada vez que una madre abraza a su hijo, lo acaricia, le habla, lo atiende, lo alimenta o juega con él, vuelan las agujas Alfaga y dan una puntada; y si el empeño no ceja o la tarea no se interrumpe, más o menos a los dos años, la Libemor cubre ya por completo al niño.  Como la capa es invisible nadie se explica por qué el niño de repente se siente tan confiado, tan seguro de sí mismo, ni por qué de buenas a primeras ya no le importa separarse de su mamá. Obviamente —dijo el Hada con suficiencia— es el enorme poder de su Libemor lo que le permite actuar de esta manera; aunque no siempre es así —añadió con tristeza.

—¿Por qué? —le pregunté.—Para tejer la Libemor de sus hijos, las madres tienen que amarlos y atenderlos con ternura y solicitud, y la tarea no debe interrumpirse hasta que la capa esté terminada. Si por alguna razón la madre y su hijo se separan antes de que esto ocurra, la capa se desteje... se le van los hilos.

—¿Y de qué son los hilos?—Son hilos de energía vital que las madres toman de su propia Libemor.  Ellas destejen su capa para tejer las de sus hijos. No hay forma más perfecta de amar.

—¿Y si no tienen Libemor? —pregunté atemorizado.—No deben tener hijos —respondió fulminante el Hada.

—¿Y se quedan sin nada al destejer su capa?—Eso a ellas les importa un comino —respondió—.  Para ellas el amor y el deber son uno y están llenas de gracia. Además, a ellas las abrigan las Libemor de sus hijos y de su amado.

—¿De su amado?—Sí —me dijo—, si ellas se sienten amadas podrán cumplir mejor con su tarea.  Para que la Libemor te cubra toda la vida debe tener  un  número  exacto  de  puntadas.  No  debe  quedar  ni  chica  ni  grande.  Cuando  se  atiende  solamente  al  niño  para  que  sobreviva... sin alegría ni esperanza, las Alfaga darán muy pocas puntadas y la capa quedará muy cortita, el niño no se sentirá protegido, no tendrá suficiente confianza en sí mismo y sentirá frío sin saber por qué. Y si su madre lo sobreprotege, porque le tiene miedo a la soledad o porque ella misma necesita amor, entonces las agujas Alfaga darán demasiadas puntadas, la Libemor quedará demasiado grande, se le enredará entre las piernas al niño y no podrá caminar solo.

—¿Y cómo saben ellas cuántas puntadas dar?—No te preocupes. Cualquier madre sensata lo sabe bien. Un detalle importante que no había mencionado es que hay una clave secreta para que las agujas tejan.

—¿Cuál es? —me apuré a preguntar.—La clave es que la madre mire a su hijo a los ojos cuando lo atiende... él la mirará a ella. ¡Y entonces las agujas Alfaga se pondrán a trabajar!

—¿Y si no se miran a los ojos?—Todas  las  madres  miran  a  sus  hijos  a  los  ojos,  así  es  como  se  comunican  entre  ellos.  Si  esto  no  ocurriera  sería  muy  preocupante. Claro que generalmente las madres aman a sus hijos y les tejen unas Libemor preciosas que harán posible que los pequeños puedan amar y confiar en el amor. Si no tienen Libemor no podrán amar —añadió el Hada muy seria.

—¿Y los niños que no tienen madre? —pregunté preocupado.—Esa es una pregunta importante —dijo el Hada—, porque todos los seres humanos necesitan una Libemor. Sin embargo, otra persona puede tejer la suya a un niño si lo ama de verdad; es decir, si el niño encuentra amor de madre. Te voy a explicar bien: si un niño no encuentra a “alguien” en especial que le dé amor de madre y crece rodeado de “puras tías”, o sea de personas que lo atienden por turno, las agujas darán puntadas, pero tejerán solamente retazos, no una Libemor. Sin embargo, si el niño tiene a su madre tejiéndole la suya y además tiene abuelos, tíos o gente que lo atienda con alegría durante una parte del día, todas las puntadas de las Alfaga van a dar a la Libemor que la madre está tejiendo y el resultado será una Libemor de gran lujo.

—¿Y el papá qué hace?—Cuando los papás atienden a sus hijos, vuelan las agujas y dan puntadas vigorosas que producen unas capas muy resistentes y vistosas. Esos niños tendrán una enorme confianza en ellos mismos —añadió el Hada.

—¿Y cuando los niños crezcan? —no me cansaba yo de preguntar.—¡Pues podrán amar! Amar no es otra cosa que quitarte tu Libemor y ponerla sobre los hombros de la persona que amas. Ese es el mayor don que los seres humanos pueden otorgar. Dicen —continuó el Hada— que la persona que recibe una Libemor siente un enorme bienestar. Que es tanta la energía que recibe que hasta cosquillas le hace. También dicen que si esa persona que amas coloca su Libemor sobre tus hombros, te hace profundamente feliz... que no hay nada mejor en este mundo. Sin embargo, es muy importante saber que hay gente que sólo desea ser amada. Son personas encantadoras y obsequiosas hasta que te despojan de tu Libemor. Como no tienen amor, necesitan el tuyo. Hay que entender que uno sólo tiene amor cuando lo da, no cuando lo recibe. Que es rico en amor el que  da  mucho,  no  el  que  recibe  mucho.  El  problema  es  que  cuando  consiguen tu Libemor se van a buscar otra porque le tienen un miedo enorme a la soledad y te convierten en un fantasma que ronda a esa persona tratando de recuperar su capa... Dicen que eso es muy triste —comentó el Hada.

—¿Y cómo puedes saber cuando una persona tan sólo desea tu Libemor?—Porque te hacen sufrir —repuso el Hada—. No les importa ser crueles, pero no por maldad sino por miedo. El miedo adultera su alegría de vivir y por desgracia en algunas personas es el único sentimiento arraigado. El miedo lo arruina todo... ¡pobre gente que por miedo al futuro no goza un  solo  día  de  su  existencia!  Un  día  dicen  que  te  aman  y  que  tú  eres  todo lo bueno del mundo, y al otro día ya no se acuerdan de cómo te llamas. ¡La crueldad tiene un temible efecto paradójico!, ¿sabes?, porque te resistes a aceptar una visión tan pobre de la vida y... ¡vuelves por un nuevo desprecio! La crueldad les da poder sobre ti y no pueden renunciar a ese poder porque no nace de su fuerza sino de su debilidad... quizá porque  alguien  en  quien  confiaron  las  despojó  de  su  Libemor.  Cuando  tienes amor no haces sufrir a nadie, ni provocas celos, ni necesitas que te necesiten —terminó diciendo el Hada.

—¿Pero... no lo hacen a propósito?—No —me dijo compasiva el Hada—. Lo que sucede es que no han aprendido a  amar.  Un  hombre  sabio  explicó  que  el  mandato  “Ama  a  tu  prójimo  como  a  ti  mismo” es a la vez orden y sentencia, porque sólo podemos amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos, ni más ni menos. Sólo quienes gustan de la vida y se aman a sí mismos pueden enseñar a sus hijos qué son el amor y la alegría. Un místico alemán,  Juan  Eckhart,  sintetizó  estas  ideas  en  forma  espléndida:  “Si  te  amas  a  ti  mismo,  amas a todos los demás como a ti mismo. Mientras ames a otra persona menos que a ti mismo, no lograrás realmente amarte; pero si amas a todos por igual, incluyéndote a ti, los amarás como una sola persona y esa persona es a la vez Dios y el hombre. Así pues, es una persona grande y virtuosa la que amándose a sí misma, ama igualmente a todos los demás”. Si amas a la gente sin miedo, siempre recibirás amor. Es una ley.

—Pero... ¿podrían amarte y sin embargo tener miedo?—¡No! —respondió en forma terminante el Hada—. Si un día te aman apasionadamente y al otro día amanecen llenas de dudas es que no te aman. Te explicaré: amar de verdad es confiar plenamente tu Libemor a la persona amada. Sin miedo. Al confiar en ella la haces crecer, la vuelves libre y tú también quedas en libertad. Los niños que se sienten amados no reclaman amor, son libres. Los adultos también.—Entonces, amar de verdad es dar todo confiando en la integridad del otro —dije yo, pensando en las palabras del Hada. —¡Exacto! —me respondió con una sonrisa—. La Libemor no se pone con una mano y se quita con la otra. La Libemor se pone con las dos manos, y el otro, agradecido y pleno, ¡íntegro gracias a tu amor!, la devuelve a tus hombros junto con la suya, sin esperar nada a cambio.

—¿Las personas adultas pueden aprender a amar de verdad? —pregunté.—Sí,  sí  pueden  —respondió—,  si  las  amas  incondicionalmente  aprenderán  a  amarse  y  podrán  amar.  ¡Pero  hay  un  límite!  —sentenció el Hada—, si sientes que has perdido la libertad y la integridad debes renunciar a tus deseos. El amor propio te devolverá tu Libemor.

—¿Y cuando alguien te ama y tú no puedes amarle?... las personas no siempre se pueden amar —pregunté.—¡No es verdad! —me respondió el Hada—. Las personas se pueden amar toda la vida cuando no esperan nada a cambio... nada, excepto el bienestar de las personas que aman.

—¿Y si creyendo que amabas despojaste a alguien de su Libemor? —pregunté tímidamente—. Los seres humanos tenemos tanto que aprender...—En estos casos hay que devolver la Libemor recibida para que su dueño pueda amar a otra persona. Cuando dos personas se amaron, los hilos de sus capas se enredan y se hacen nudos muy fuertes, más fuertes que el famoso “nudo gordiano” —dijo el Hada erudita—. Estos nudos deben desatarse para que cada quien conserve su Libemor.  No  pueden  romperse,  sólo  desatarse.  Si  tú  deseaste  ser  amado  y  te  esforzaste en conseguirlo, adquiriste un compromiso muy grande. No es sólo halagar  tu  vanidad.  Es  una  tremenda  responsabilidad  recibir  una  Libemor...  hay que entenderlo muy bien para no dejar desnudo a nadie.

—¿Y cómo se desatan las Libemor? —pregunté interesado.—¡Pues hablando! —me dijo el Hada—. ¿Qué no sabes que las palabras sirven  para  desatar  nudos?  Es  muy  fácil,  las  mismas  ganas  que  pusiste  para que te amaran debes ponerlas ahora para que renuncien a tu amor. Sólo puede renunciar al amor el que tiene amor. Cuando deseabas ser amado querías ser escuchado. Ahora ponte en el lugar de la otra perso-na y escúchala. Ella sólo necesita decirte cuánto te ama y sentir que te interesa  saberlo,  eso  la  hará  feliz  y  podrá  recuperar  su  Libemor.  ¡Cómo  me gustaría poder amar! —suspiró el Hada.

—¿Por qué dices eso? —pregunté alarmado —. ¿Tú no puedes amar?—No  —me  dijo  con  profunda  tristeza—.  Solamente  pueden  amar  las  mujeres  de  verdad.  Yo  soy  un  Hada,  mi  nombre  es  Angelfer.  Las  Hadas  sólo concedemos favores.—¡Concédeme  a  mí  uno!  ¡Yo  estoy  enamorado!  —le  confesé  con  emoción—. Y ella me sonrió con la enorme dulzura con la que las hadas sonríen a los que creen en ellas.—¡Tú también tienes que aprender a amar! —me dijo—. No hay tarea más difícil ni más importante que aprender a amar. Amar con espontaneidad, sin miedo a  la  infelicidad.  Amar  a  la  vida.  Amar  con  responsabilidad.  Trabajar  por  lo  que  se  ama. Mientras se aprende a amar se cometen errores que duelen y lastiman, pero los errores son parte de la vida y se debe tener el valor de corregirlos. No importa cómo empiezas a vivir sino cómo terminas. Si vives inspirado por el amor aprenderás por fin a amar con todo el corazón, con alegría, sin reproches.

—¿Es posible? —pregunté—. ¿No es soñar con una utopía?—¡Los grandes hombres sueñan con utopías y se esfuerzan por hacerlas realidad! ¿Tú no quieres crecer? —¡Claro que quiero! —respondí—. ¡Pero concédeme un favor!—¡Tú eres un niño!, ¿sabes? —dijo el Hada, y nos reímos los dos con ganas. ¡Y súbitamente sentí que nos amábamos!


Corazón de crochet.
Granny Heart. Patrón de Elena Kozhukhar.
https://ellej.org/en/granny-heart/



Granny heart. Patrón de Elena Kozhukhar. Fuente: ellej.org




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GRACIAS !!

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Varmints




Varmints es la preciosa y mágica historia de una extraña criatura, algo así como una pequeña alimaña, que viendo peligrar su habitat y la paz que le rodea para siempre, lucha contra viento y marea para preservar su mundo y para dar de nuevo un lugar a la naturaleza. Varmints es una historia de las que tocan el corazoncito, habla de la necesidad de protección del medio natural y de aquellos que lo aprecian lo suficiente como para querer su regeneración, habla de responsabilidad y corrección, y habla de lugares hermosos y tranquilos que se ven alterados por acciones irreflexivas, de la rebelión de quienes no quieren ver su mundo idílico alterado y destruido.






Escrito por la autora británica Helen Ward y maravillosamente ilustrado por Marc Craste, este bello cuento narra a través de surrealistas, oscuras, y a la vez luminosas, imágenes, y con pocas palabras, la historia enigmática, misteriosa, algo confusa, pero conmovedora, de esta pequeña alimaña que ve como su silenciosa casa  y el equilibrio de la naturaleza del que disfruta va desapareciendo ante el despiadado crecimiento de la ciudad. Varmints es considerado por muchos una crítica al sistema capitalista, y sus consecuencias sobre el medio ambiente, y a la imprudencia e indiferencia que sentimos hacia nuestro entorno.






Aunque en principio es un libro infantil, Varmints no es un cuento para niños muy pequeños ni un cuento con moraleja, sino una historia aplicable a la sociedad en la que vivimos con un claro mensaje ecológico y esperanzador dirigido a los que ante un mundo natural amenazado quieran pararse a pensar y a plantar las semillas para el cambio y, como la alimaña protagonista , piensen que el amor desinteresado puede asegurar la salvación de su mundo.






Marc Craste, director de animación del británico "Studio Aka", dirigió en 2008 una adaptación del libro en un cortometraje muy visual, sin diálogos, del que os dejo primero un pequeño avance y después la película entera que dura tan solo 24 minutos. El músico islandés Jóhann Jóhannsson compuso la banda sonora de Varmints, que fue comercializada bajo el título “And In The Endless Pause There Came The Sound Of Bees” donde recrea, a través solo de música, el cambio que vive la alimaña pasando del silencio al cáos. Preciosa !!









Helen Ward es también ilustradora además de escritora y compagina su trabajo simultáneo en ambas facetas con la colaboración con otros ilustradores. Ha creado más de 25 libros infantiles, cosechado multitud de premios y es muy conocida por su adaptación "Las mejores fábulas de Esopo" y por el fascinante cuento "Snutt the Ift" (originalmente Wonderful life) que narra la dulce historia de otra pequeña alimaña, aventurera, exploradora y soñadora, que viaja a un planeta extraño y maravilloso donde se siente fascinada y abrumada por todas las cosas bellas que encuentra, pero donde no tiene a nadie con quien compartirlas y se siente sola lejos de casa. Cuando Snutt se encuentra con otra criatura, también exploradora, con quien compartir sus sueños, descubre como a través de la amistad las experiencias compartidas nos ayudan a crear un mundo más hermoso.








Un fabuloso cuento para todas las edades y una bella reflexión sobre la soledad y el valor de la amistad.







martes, 29 de octubre de 2013

El fantástico universo de Eva Ruiz

Si hay algo que me gusta de ser un adulto es que puedo ser y soy un mayor y un niño a la vez. Eso es algo que no puede decir un niño, alguna ventaja teníamos que tener !!   Todos los mayores fuimos niños una vez y todos conservamos a este niño que fuimos dentro de nosotros, unos le mantenemos escondido dejándole morir poco a poco, otros le dejamos salir en ocasiones o al menos una vez en la vida. A mí, en concreto, no me gusta sacar solo de vez en cuando el niño que llevo dentro, a mí lo que me gusta es tenerlo siempre fuera !! Me gusta ser espontánea como un crío chico, me gusta entusiasmarme con pequeñas cosas, sentir fascinación por las que descubro, aprender. Sorprenderme y asombrarme con las cosas sencillas de la vida, ilusionarme, emocionarme... Me gusta reír, llorar, reír y llorar a la vez, hacer las cosas que me apetecen, disfrazarme, bailar, soñar, sentir, crear, imaginar ...  A mi niño interior yo no le voy a dejar morir así porque sí, me niego !! morirá conmigo cuando muera yo porque el niño que llevo dentro es mi gran riqueza. El niño que llevo dentro es mi gran posesión y los niños que tuve dentro, y que ahora abrazo fuera, el mayor tesoro que pude encontrar. A estos dos pequeños míos, a todos los niños del mundo y a todos los niños que fueron y que se encuentran dentro de cada uno de nosotros, les dedico desde aquí los cuentos que mi amiga Eva Ruiz ha regalado a la humanidad. Eva acaba de publicar un nuevo blog "Un tintero lleno de duendes" donde va a ir recogiendo toda su trayectoria literaria. De momento, porque es muy recientito, solo tiene unos cuantos relatos pero irá añadiendo más poco a poco. Hay una frase que decimos mucho los mayores: "que no me cuenten cuentos!!", a mí sí, por favor, contadme todos los del mundo y más si son de Eva !! porque son mágicos, fantásticos y maravillosos. Si le echas una mirada a su blog no te decepcionará y aviso de que sus cuentos te van a "encantar". Avisado estás !!


Eva Ruiz con dos de sus novelas para niños editadas


Si volviese a nacer y me dieran a elegir madre sin duda alguna elegiría a la mía, a la que tengo la suerte de tener, pero también elegiría si fuera posible una tía con aspecto de brujilla feliz, que se llamase Eva, que me contara de cuando en cuando sus increíbles relatos y que no me dejase crecer nunca. Me gustaría que pincharas aquí para llegar hasta el blog de Eva. Yo os dejo de todas maneras aquí abajo una reproducción de dos de ellos que me gustan mucho: "El laboratorio de los deseos", un edificio en forma de microscopio donde el Dr. Federíquido Triglicérido siempre dispone de la receta adecuada para todo, y "La imaginación está en el aire", un fascinante y divertido viaje de dos niños a la bóveda celeste acompañados por una variopinta tripulación. Que los disfrutéis !!


EL LABORATORIO DE LOS DESEOS
por Eva Ruiz.


Acabas de aterrizar en el País de la Disparatada Ciencia. Un lugar al que podrás trasladarte cuando tú quieras porque lo único que necesitas son unos ojos abiertos como dos lunas llenas , una imaginación más fresca que una lechuga y un corazón repleto de cajoncitos para guardar sorpresas de todos los sabores.
Si vas por la Desavenida Invisible y tuerces por la Sincalle de la Intuición, llegarás a un extraño edificio con forma de microscopio gigante. Es el “Laboratorio de los Deseos”, donde el insigne Doctor Federíquido Triglicérido se dedica a inventar sueños, descubrir ilusiones y recetar desde píldoras para el mal humor a grageas de la buena suerte .

Dicen que, ocultos en los rizos de sus melena, guarda rulos con las fórmulas secretas de sus invenciones. Y que sus ojos azules están tan llenos de mar y de cielo, que podrían evitar cualquier sequía e iluminar todo el país si ocurriera un eclipse.
Su fama ha traspasado las fronteras. Y es que nadie ha contribuido como él a la felicidad de los objetos domésticos. A una bañera que se encontraba triste, le recetó burbujas de colores que al estallar derramaban alegría. Y a un taburete harto de ser asiento de culetes pesados y malolientes, le creó la aspiración de ser sabio y convertirse en librería.

También ha realizado importantes contribuciones al mundo animal, como demuestra el “Premio Animalario Sin Fronteras” que le ha sido otorgado en dos ocasiones: por el caso de la araña que no sabía tejer y se tenía que comprar la ropa hecha, a la que le solucionó la vida regalándole un ovillo de hilo, tan independiente, que se tejía solo. Y además el del pájaro carpintero que quería cambiar de profesión porque tenía el pico hecho añicos. En un pispás, le convirtió en astronauta con una escafandra de pompa de
jabón y un petardo de feria a modo de cohete.
¿Y qué me dices de su “Premio Microbios en Acción” por sus disparatados inventos para el género humano? Como el CazaMúsicas, un artilugio diseñado para atrapar las notas que se le habían quedado flotando en el aire a un compositor arrepentido, quien en un ataque de furia había roto sus partituras y necesitaba recomponerlas . O la vacuna contra los “comecocos” para una señora que estaba tan influida por la publicidad, que se había olvidado de hablar y sólo sabía recitar las frases de los anuncios.

Pero además de sus creaciones a la medida, El Doctor Federíquido Triglicérido tiene una Botica de los Remedios Sin Remedio, con toda una variedad de productos a elegir:
-Besos calentitos para descongelar el alma. Se aplican sobre la mejilla y tienen un efecto inmediato. Don Témpano que era un hombre de carácter muy frío, los probó y empezó a gotear y gotear y casi lo tienen que recoger en una botella. Se quedó en la mitad, pero lo que permaneció fue todo corazón y calidez.
-Enjuagues para mandar a hacer gárgaras los enfados. Y es que hay gente que se irrita con todo y con todos. Así que lo mejor es poner en un vaso con agua unas gotitas de “teperdono” y unas ramitas de “sinrencor” y ¡grgrg! ¡Haciendo gárgaras que es gerundio!
-Tiritas cicatrizantes para las penas de amor. Aunque en las indicaciones el Doctor Triglicérido aconseja que nada mejor que el paso del tiempo para que la herida se cierre, mientras tanto no está de más utilizar estos parches con poder desinfectante contra la tristeza, y vitaminas reconstituyentes para recuperar la alegría.
-Epidemias en cápsulas para contagiar la risa. Especial para la vida alocada de las grandes ciudades, donde la gente va corriendo de un lado para otro con cara de seta y
sin mirarse. El Doctor Triglicérido experimentó con ellas en el metro a hora punta, y los pasajeros de la línea 7 organizaron una maratón de chistes y un concurso de cosquillas. Llegaron todos tarde a sus obligaciones...pero contentos.
-Inyecciones contra el miedo. Da igual qué te aterrorice, basta una inyección de Arco Iris para que tu miedo crezca , crezca y CREZCA como un globo....¡hasta que estalle pulverizado en confeti de colores!
-Masajes de caricias para las agujetas causadas por los ataques de soledad. Poquito a poquito se deshace el nudo que sentimos en el corazón, y se relaja para abrirse a nuevas emociones y amistades.
-Gotas para evaporar las lágrimas. Funcionan como unos diminutos limpiaparabrisas, que eliminan la pena y nos dejan el campo limpio para mirar la vida con optimismo.

Así que si alguna vez te encuentras bajo de entusiasmo o necesitas una buena dosis de fantasía, no dejes de visitar el “Laboratorio de los Deseos” , seguro que hay un remedio para ti. Soluciones tan científicas como cariñosas. Y es que el Doctor Federíquido Triglicérido es un gran hombre de ciencia pero, sobre todo, un hombre de gran corazón.







LA IMAGINACION ESTÁ EN EL AIRE
por Eva Ruiz.

"Que un lugar no esté en los mapas, no nos impide viajar a él.
Para eso, tenemos la imaginación”
La Vieja Hada.


“La Compañía IMAGINAIR anuncia la salida de su vuelo 7CHOCO7 con destino a la Bóveda Celeste. Rogamos a todos los pasajeros que se dirijan al tobogán de embarque señalado con una chocolatina gigante”

Ana y Jens aceleraron el paso al escuchar la voz de llamada, con un gesto de sorpresa ante la extraña puerta de salida . Y es que este viaje no se parecía a ningún otro. Empezando por la megafonía, tarea encargada a una guacamaya de colores que recorría revoloteando los pasillos del aeropuerto para informar sobre las novedades del destino. La exótica portavoz, dejaba caer una pluma amarilla sobre los pasajeros rezagados para llamar su atención, al tiempo que continuaba con sus comunicados.

“Recordamos que el vuelo 7CHOCO7 de la Compañía IMAGINAIR está reservado para los niños que viajan solos, o para todos los mayores que se sientan niños de corazón. Abstenerse aquellos que no crean en la magia de la fantasía porque no conseguirán despegar”

-¡Mira, ahí está la chocolatina!- gritó Jens muy animado.
-¡Es enorme!- exclamó Ana con la boca tan abierta que le cabría un elefante.
Y ambos emprendieron una carrera entre risas para ponerse en la fila que ya comenzaba a formarse.

Para amenizar la espera, un mago vestido con uniforme de aviación y su “azafahada” ayudante, hacían juegos a los viajeros. En vez de chistera, utilizaba su gorra de piloto, de la que sacaba nubes blancas y gorditas que elevaba por encima de las cabezas, y con un movimiento de una pequeña torre de control mágica a modo de varita, hacía que se deshicieran convertidas en copos de nieve, ante el asombro general. Y además, extraía aviones de juguete de detrás de las orejas de sus espectadores...O introducía a la “azafahada” en una vieja maleta de cuero , cubierta de pegatinas de todos los países, y la hacía desaparecer provocando murmullos de admiración.
Y así, entre truco y truco, llegó el turno del embarque para Ana y Jens.
Una viejecita con aspecto de adivina, se encontraba tras el mostrador sujetando una bola de cristal entre las manos, con la misión de averiguar el nombre de todos los pasajeros. La guacamaya locutora, una vez terminada su misión, se posó en su hombro,
-Vamos a ver -dijo la anciana concentrándose-. Dejadme pensar...Vosotros sois...
-Yo me llamo....
-¡No, no me digáis nada! -Interrumpió la adivina abriendo los ojos de golpe.
-Madame Lunette...-susurró el pájaro.
-¡Ni tú tampoco ! ¡Que en vez guacamaya, pareces un loro! ¿No estás todavía afónica, después de todo el día haciendo de megafonía? -comentó un tanto alterada-. Sólo necesito un poco de silencio... Ya, ya me va llegando la imagen...Je...Jes...No, no Jens...y A...Ana..,¡Eso es ! Ana y Jens- confirmó muy orgullosa de su acierto-. Podéis pasar. La “azafahada” os entregará una onza de chocolate con el número de vuestro asiento.
Y así fue como de un salto y propulsada por sus alas, la joven se elevó hasta el panel de chocolate para partir sus dulces tarjetas de embarque. Ya quedaban menos de la mitad.
-Aquí tenéis , chicos: Nubes 7 y 9 - indicó con la mejor de sus sonrisas la “azafahada”, mientras les entregaba la porción de chocolate con su nombre y número de asiento grabado-. Ahora, sólo tenéis que lanzaros por ese tobogán y llegaréis al avión volando! ¡Y no os la comáis hasta estar dentro del
avión! ¡Feliz Viaje!

Ana y Jens subieron por las escaleras del tobogán y en lo más alto se encontraron sudoroso y temblón a un astronauta con escafandra y todo.
-¿Qué te pasa?- le preguntaron los niños con extrañeza.
-¡Sufro de vértigo!- se lamentó.
-¿Vértigo un astronauta? ¡Es lo más raro que he escuchado en mi vida!- comentó Jens llevándose las manos a la cabeza.
-Sí, ya lo sé....No tengo problemas para subir hasta lo más alto, pero cuando llega el momento del descenso...¡lo paso fatal! Y aquí me tenéis, practicando...Si no lo supero ¡¡¡jamás aprobaré el examen de la agencia aeroespacial!!!-dijo muy compungido.
-¿Y si nos tiramos juntos?-sugirió Ana- Primero, se sienta Jens, luego tú en el medio, y yo detrás. Y a la de tres, nos lanzamos muy agarraditos, ¿qué te parece?
-No sé...chicos...¡Me da tanta vergüenza!
-¡No pasa nada porque alguien te de un empujoncito! Verás como después todo te resultará más fácil! -invitó Jens.
Y sin dejarle tiempo para contestar, cada cual fue tomando su posición y a la voz de “¡YA!” se lanzaron en picado, resonando en todo el aeropuerto el grito desgarrador del astronauta, que descendía con los ojos tan cerrados que parecían cosidos con grapas. Tras varios giros de tirabuzón, “el trío Koala” salió proyectado hacia el interior del avión sin soltarse y cayó sobre la alfombra de la nave, de la especie “voladora” , que se elevaba un metro por encima del suelo y conducía a cada pasajero a su respectiva nube.
-Nubes 7 y 9 -anunció la alfombra.
Y con una sacudida, lanzó a los niños a su nube prosiguiendo su camino hacia la del astronauta.
-¡Adiós amigos! ¡Gracias por vuestra ayuda!
-¡Llámanos si nos necesitas en el aterrizaje! -le dijeron los niños, muy orgullosos de su hazaña.
Al cabo de una rato, los pasajeros estaban ya instalados. Y la guacamaya, comenzó a revolotear dando las indicaciones de seguridad para el despegue.
“Siguiendo las normas imaginarias de navegación, les rogamos que se hundan profundamente en su nube y se coman su onza de chocolate para iniciar el ascenso”
Cuando todos se hubieron introducido su dulce tarjeta de embarque en la boca, comenzaron a despegar. Los niños se encontraban muy confortables acurrucados dentro de su nube gordita y esponjosa.
“Si algún pasajero necesita más luz, le informamos de que disponen de una luciérnaga personal en el compartimento situado sobre sus cabezas”
“Nuestro mago, acompañado de una “azafahada” pasará a continuación para que encarguen lo que más les apetezca para comer. Ya saben que pueden pedir lo que deseen y él lo sacará de su gorra mágica”
-¡Guau!!Qué bien! - se alegraron los niños, mientras imaginaban platos inventados.
-¿Tenéis “bocatas” de gominolas y dulce de leche- preguntó Jens
-¡Aquí está!- dijo el mago, haciéndolo levitar desde su gorra.
-¿Y sopa de frutas con bolitas de chocolate? -pidió Ana
-¡En exclusiva para la señorita! - dijo la “azafahada”,acercándole un plato con forma de piña y un cuchara de caramelo.
“Atención, señores pasajeros, mientras comen les invitamos a disfrutar del espectáculo que la compañía Gnomilandia representa en las bolas de cristal situadas enfrente de su nube, que lleva por título “Gnomo Jones y la Seta Maldita”. Para que la obra de comienzo, bastará con agitar enérgicamente la bola”

Y así lo hicieron Jens y Ana, al tiempo que rebañaban sus platos. Cuando la obra estaba ya tocando a su fin, descubrieron muy cerca un precioso arco iris al que se dirigían.
“El Comandante les comunica que, dadas las condiciones atmosféricas favorables, vamos a seguir
la ruta del Arco Iris. Les recomendamos que permanezcan sentados en su nube para contemplar los diferentes fenómenos que circulan por las vías de colores”
Y de repente, una estrella fugaz les adelantó dejando un preciosa estela de plata. A la derecha, una meteorito circulaba chamuscando a su paso la calle naranja.
-¡Mira, esa rayo está buscando su tormenta! -comentó Ana, al ver una línea de luz avanzando con rapidez hacia una nube negra y densa. ¡Uff! Y el encuentro fue un festival de truenos acompañados de otros efectos sonoros y visuales.
La nave aminoró la velocidad porque en la vía de la derecha estaba teniendo lugar un desfile organizado por lo signos del zodíaco. Abrían la marcha los gemelos Géminis, seguidos de Virgo a lomos de Sagitario y todos los signos restantes, cerrando la cabalgata Leo que avanzaba arrogante y seguro.
-¡Aries y tauro están peleando!-señaló Jens-¡Se han enganchado por los cuernos!
Y en esa instante, un rugido ensordecedor paró en seco a los signos revoltosos que ocuparon su posición en la fila , mientras Leo sacudía su melena, altivo y orgulloso, por haber conseguido restaurar la alineación perfecta.
En uno de los arcenes, varias estrellitas reflectantes avisaban de que algún vehículo estaba en apuros. Al acercarse, Ana y Jens pudieron comprobar que se trataba ni más ni menos que del trineo de Santa Claus, y que varios de sus renos parecían haber perdido las herraduras aunque ya, un equipo de elfos en misión de urgencia, estaba tomando medidas a sus pezuñas.
Algo más adelante, los niños vislumbraron una bruma negruzca y sobrenatural.
-¿Qué será aquello? -preguntó Ana, mientras su cuerpo se sacudía con un escalofrío.
-Es una expedición de brujas que se dirigen a su Akelarre Anual -comentó la “azafahada” con expresión misteriosa.
-¿Akequé...?-se interesó Jens.
-AKELARRE -pronunció la “azafahada” remarcando cada letra-.Una convención de brujas de todos
los lugares del mundo donde se presentan los últimos avances de la brujería: calderos para placas de vitrocerámica, escobas eléctricas, hechizos para móviles...Incluso las nuevas tendencias en pócimas y brebajes. El año pasado llevamos como pasajera a una brujita que tenía rota su escoba.
Un olor a azufre mezclado con huevo podrido y excrementos se coló en la nave al adelantar al grupo.
-¡Puaaaj! ¡¡¡Es asqueroso!!!-se quejaron los niños.
-¡Repugnante!- trataremos de contrarrestarlo, dijo la “azafahada” cogiendo su varita de torre de control y agitándola con energía para que pétalos de flores inundaran la estancia con su perfume.
-¡Uhmm! -esto es otra cosa, comentaron los niños aliviados mirando la expedición que se quedaba atrás.

Llegó la venta a bordo, cuyos tesoros se encontraban en un viejo cofre de madera de la época de los piratas. Y dentro, estrellitas a modo de broche, cuadernos de notas con forma de nube, perfume celestial, peluches de Osa Mayor, bolígrafos con la silueta de una torre de control...y muchos más recuerdos del viaje. Y para pagar bastaba con un beso o una sonrisa.
Después del bullicio donde todos participaron eligiendo una pequeña parte del “botín”, la guacamaya anunció:
“Señores pasajeros les informamos que nuestro comandante ha iniciado las maniobras de aproximación al aeropuerto y en breves momentos aterrizaremos. Les rogamos que se sumerjan de nuevo en su nube y permanezcan acurrucaditos en ella hasta que tomemos tierra. Todos los miembros de la tripulación del 7CHOCO7 deseamos que hayan tenido un feliz vuelo y esperamos verlos muy pronto de nuevo en nuestra compañía IMAGINAIR”.
Antes de terminar la frase, el astronauta ya se había sumergido tan hondo en su nube, que solo asomaba un trocito de escafandra. Ojos que no ven...
“¡¡¡Ohhhh!!!!”, se escuchó como un coro general de lamento.

Y es que nadie quería regresar. La excursión de ida y vuelta a la Bóveda Celeste, se había pasado volando...
Cuando Ana y Jens llegaron a la terminal del aeropuerto, lo primero que hicieron fue mirar los próximos vuelos de la compañía IMAGINAIR.
-¡Mira! ¡¡¡Visita a un satélite meteorológico!!!-gritó Ana.
-¡Con demostración en vivo de efectos especiales de huracanes! ¿Nos apuntamos? -preguntó casi afirmando Jens.
-¡Pues claro! Y otro día podemos ir al Zoo de las Constelaciones , y otro a...

Y es que la imaginación está en el aire.
Sólo hay que dejarla volar.

En "Un tintero lleno de duendes"
Eva Ruiz Gomez.



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