Planeta Cereza: Recetas

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viernes, 6 de diciembre de 2019

Pasta casera. Fettuccine.





No conozco una receta de cocina con tan pocos ingredientes que tenga tantos secretos. Quizá más bien sea que no es que existan tantos sino que estos, uno, dos o veinte, sean tan importantes para conseguir un resultado perfecto. Supongo que en cocina existirán tantos trucos y secretos como personas que cocinen, pero los secretos dejan de ser secretos cuando se cuentan y por eso casi todo el mundo que cocina pasta en casa sabe, porque todo el mundo lo cuenta, que es importante hacerlo en un recipiente adecuado, una olla alta con abundante agua, sin aceite y echando solo la sal un poco antes de hervir. Poco más. Dicho así no parecen secretos inconfesables pero varía mucho la cosa según como se haga y si no probad y veréis. Aun con todo, a la hora de hacer pasta, cada maestrillo tiene su librillo y hay quien sala el agua y echa un chorrito de aceite desde el principio, o quien saltea la pasta antes de cocerla, o quien la cuece en caldo casero. No tiene por qué salir mal, es una cuestión de gusto, entiendo. Cocer pasta, y me estoy refiriendo de momento a la que compramos ya hecha, es algo muy fácil que puede hacer cualquiera y a no ser que cometas errores garrafales y se apelmace, el resultado suele ser siempre bueno y más si la pasta se acompaña finalmente con una rica salsa u otros alimentos.

A mí en particular me gusta la pasta sola, sin salsa, ni nada de nada, una gota de buen aceite y un poco de orégano, lo que no quiere decir que no me la coma si está elaborada de otra manera. No hacerlo sería pecado y más si me la dan hecha. ¡¡ Solo faltaba !! Ya se sabe que a mejor ingrediente mejor resultado, por eso ya que como pasta sin más, pues lo único que quiero es que esta sea buena, y desde que la hago yo en casa puedo asegurar que es lo es. Tan contenta que estoy de que me salga bien. Buena harina, buenos huevos, buen amasado, buena cocción… resultado: buena pasta. Este es realmente mi único secreto. Unos ingredientes de calidad, una forma correcta de amasar y cocer como casi todo el mundo dice que se debe hacer.








Siempre que viajo a Italia juro y perjuro que nunca más volveré a comer pasta, y lo digo con la misma intensidad que cuando Scarlett O’Hara decía aquello de “a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre” y a veces lo pronuncio hasta en italiano para que quede más creíble “giuro e spergiuro”, pero lo hago no por no querer comerla sino por comer demasiada, hasta sin hambre. Pasta pizza, pasta pizza, pasta pizza... así casi todos los días. Luego se me pasa y acabo olvidándolo porque para los fines de semana, la pasta es un plato muy socorrido y versátil que me da mucho juego porque se puede preparar de mil maneras y les gusta a todos en casa.

Un paquete de pasta de cualquier marca comercial es algo relativamente barato y asequible, ¿Compensa realmente ponerse a hacer pasta casera cuando no tardas ni medio segundo en ir al supermercado a comprar uno? Depende. Para mí sí, pero desgraciadamente la hago solo de vez en cuando, por lo que se tarda y por la que se lía. Pastas hay muchas en las estanterías de las tiendas, de buena y no tan buena calidad, de infinitas formas y muchos colores, las cuales no soy aún capaz de hacer, pero todo llegará, seguro, (bueno, bueno, que hay más de 350 tipos de pasta catalogados, no sé yo si llegaré a hacerlos todos). De momento, que acabo de empezar, solo hago dos o tres variedades. La harina que se utiliza para hacer pasta casera si es buena es más cara que la normal, el coste de los huevos, el tiempo empleado, más la inversión en la máquina si la haces así en vez de a rodillo.... cada uno tiene que valorarlo, pero la pasta casera es simplemente distinta y eso se nota. No todas las harinas son iguales,  no nos sirve la misma harina para hacer todo tipo de recetas, evidentemente. Cualquiera que cocine y sobre todo que haga pan o repostería lo sabe y sabe que las harinas se comportan de distinta manera según el tipo y según la receta. Existen muchos tipos de harina, diferentes clasificaciones y tablas de equivalencia según el país, según la fuerza, las proteínas, según el molido o el refinamiento... y he leído en muchos post y foros cosas totalmente contradictorias sobre cual es la mejor harina para hacer pasta pero aquí en este tema no voy a meterme porque esto ya es “harina de otro costal”, pero por lo general la pasta se suele hacer con harina muy fina y la recomendada para hacer pasta es la harina 00, o doble cero, que según la clasificación italiana, que tiene que ver con la manera en cómo ha sido molida y no por la fuerza, el gluten o las proteínas. 

Esta harina, que según los países tiene otras denominaciones, es una harina finísima y muy blanca, lo que le da a la pasta una textura muy suave, aunque también se puede mezclar con sémola de trigo duro, utilizada más en el sur de Italia, que le confiere una textura más gruesa y rústica. Aquí en España es algo complicado encontrar esta harina italiana, aunque hay páginas de venta on line donde se encuentra con facilidad, por lo que se puede sustituir por la harina de repostería que es la que yo uso. Un secreto también confesable es que la primera vez que hice pasta "para probar" lo hice con la harina de uso normal y quedó también bien buena.







La máquina para hacer pasta, Marcato Atlas 150, ni mezcla ni amasa, solo estira y corta. El amasado se hace a mano, que para mí es tan entretenido como darle a la manivela del rodillo de la máquina. Como de momento solo tengo un accesorio, con mi máquina solo hago fetuccine, tagliolini o láminas para lasaña. Poco a poco iré adquiriendo otros que me permitan hacer más variedades y quizá hasta añada otros ingredientes para hacer pasta a las espinacas o  al tomate, por ejemplo, e incluso pasta rellena, aunque esto es aún para mí de "curso avanzado". Por ahora me entretengo con este nivel 1 que me parece muy gratificante y me encanta. Como veis en las fotos la máquina se sujeta a la mesa para que no se mueva con una pinza de sujección por eso no puedo hacerla en la cocina así que la pongo en la mesa de comedor y allí hago todo, o allí ensucio todo mejor dicho. Y de paso, ya me me voy a pasar un par de horas ocupada en el asunto, me pongo una película de cocina del tipo de Deliciosa Martha, Un viaje de diez metros, Julie &Julia o Ratatouille ¿por qué no? y tan feliz toda la tarde haciendo pasta casera. Tengo que decir que cuando pensé en publicar un post sobre la manera de realizar pasta casera, la intención era hacer un reportaje "paso a paso" pero se ha quedado solo en eso, en una intención. Me podía haber esperado un poquito, haber perfeccionado el proceso y haber encontrado la manera de hacer las fotos sin llenar el objetivo de harina, sin embargo, como una ligera idea os podéis hacer con las fotos que subo, prefiero concentrar todos mis esfuerzos en conseguir perfeccionar la propia receta.










PASTA CASERA.

Ingredientes:

- 400 gramos de harina 00 (según clasificación italiana) o harina de repostería
- 4 huevos grandes

  
Esta pasta casera que hago es una pasta al huevo.La pasta se hace solo con estos dos ingredientes pero a veces es necesario añadir algo de agua para ligar bien la masa. Dependerá del tamaño de los huevos o del tipo de harina que utilicemos. También podemos hacer una pasta sin huevo en la que los únicos ingredientes son harina y agua.

En el proceso nos vamos a ayudar en ocasiones de harina espolvoreada para que no se nos pegue y sea más fácil su manejo.

Es mejor utilizar la harina tamizada y los huevos a temperatura ambiente.

La proporción huevo-harina es un huevo por cada 100/110 gramos de harina. Y es la cantidad recomendada por persona. A mí me parece mucho. Con 4 huevos y 400 gramos de harina sale mucha cantidad de pasta, más de 4 raciones.

La pasta se puede consumir fresca, o sea recién hecha, o se puede dejar secar preferentemente en un secador de pasta, para consumirla en otro momento. La pasta fresca se puede congelar.

Se comienza haciendo un volcán con la harina en un bol o recipiente grande o directamente encima de la mesa. Hacemos un hueco en el centro y ahí incorporamos los huevos enteros. Empezamos a mezclar la harina con el huevo desde el exterior hacia el centro con cuidado con los dedos. Después hay que ir amasando con las manos mezclando bien los ingredientes durante unos minutos, 10 o 15, hasta que la masa sea elástica y se pueda manejar bien. Si la masa está quedando desmigada o seca se agrega un poco de agua y si, por el contrario, está quedando muy húmeda se espolvorea más harina.

Una vez terminado el amasado damos forma de bola a la masa, la cubrimos con film y la dejamos reposar una media hora. Transcurrido este tiempo estiramos la masa o la damos forma de rulo para empezar a cortar pequeñas porciones. La masa que no estemos trabajando debe seguir tapada para que no se seque.

Dividir la masa en pequeñas porciones se hace para facilitar su alisado con la máquina. Se empieza aplanando un poco la porción con las manos para poder introducirla en la abertura del rodillo de la máquina. Primero se selecciona el grosor más grande, en mi máquina el número 0 y se pasa dos o tres veces por cada nivel hasta llegar al adecuado según la variedad que queramos hacer. Por ejemplo si el grosor adecuado para hacer fettuccine es el número 5 vamos dando dos o tres pasadas por el 0, el uno, el dos, el tres... hasta llegar al cinco. Cuando alcancemos ese grosor y tengamos una especie de plancha alisada y fina, elástica, que no se pega, la introducimos por el rodillo accesorio que la corta en fettuccine.

Enharinamos un poco los palitos del secapasta donde vamos a colgar los fettuccine y los ponemos ahí con ayuda de una varita para que se sequen y con cuidado de que no se peguen unos con otros. Así haremos con las demás porciones hasta acabar con la totalidad de la masa.

El secapasta que he utilizado es de la misma marca que la máquina, Marcato, y cabe mucha cantidad de pasta, calculo que el doble de la que yo hago.Una vez secada la pasta, eso si lo que queremos es pasta seca ya que también podemos consumirla fresca recién hecha, solo queda cocerla unos pocos minutos según como la queramos de firmeza, si "al dente" o más hecha y prepararla al gusto de cada cual.







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jueves, 31 de octubre de 2019

Dedos de bruja







Llegados a este momento del año toca discutir un poquito sobre Halloween. Sinceramente a mí me aburre un poco tener que estar discutiendo siempre de lo mismo, y con los mismos. Cada vez que publico una receta con temática Halloween (calabazas, catrinas, ataúdes, esqueletos... ) o subo fotos mías y de mi familia terroríficamente disfrazados, no hay año en el que no me encuentre con toda una legión de detractores publicando también en todas las redes sociales que si el “jalogüín” es una celebración importada de Estados Unidos (ni que a lo largo de la historia no estuviese esta repleta intercambios culturales), que si cogemos todas las modas de otros países y no son nuestras, que si celebrar Halloween aquí es como sacar el Cristo de los faroles allí, que si esto que si lo otro… y a mí siempre me cae algo, claro. Zas, zas, por cualquier lado. Si no en público, en privado, siempre me toca discutir con alguien, como si tuviera que estar excusándome y pidiendo perdón porque me guste Halloween.


Todos las culturas y sociedades constantemente adoptan tradiciones y festividades de otras: graduaciones escolares con toga y birrete, Papá Noel que casi ni existía aquí cuando yo era pequeña... por nombrar algunas, y nadie dice nada. Bueno, siempre hay quien sí. Pero qué sería del mundo sin estos y otros intercambios más serios. En fin, pues me gusta Halloween y ya está. Lo he disfrutado mucho con mis niños y con mis amigas, nos hemos disfrazado, nos hemos divertido y no trato de imponérselo a nadie. ¡¡ Allá cada cual !! Vive y deja vivir y si no muere y deja morir.  No me importa estar de este lado en Halloween, yo voy a celebrar lo que yo crea, siempre que quiera, por supuesto, pero en este caso es que ni creo que esté celebrando nada, solo aprovecho que es Halloween, como tantos otros, para tener un rato de diversión. Aunque muchos hagan caja con la venta y consumo de productos Halloween al estilo americano, que por cierto Halloween tampoco es americano, a mí me da igual, ni que fueran los únicos. Y cansada estoy de defender por otro lado la tradición europea de esta festividad, que no lo digo yo, “lo dicen los libros” y ya todo el mundo lo sabe o han leído en algún lugar el origen celta de esta festividad pagana y bla, bla, bla….
¡¡ Qué aburrimiento !! Con lo divertido que es halloween en sí.


Mis hijos ya son mayores y ya no se disfrazan ni piden caramelos por las casas, están a otro rollo que da más miedo aun, y a mí ya me da un poco de corte disfrazarme de enfermera sangrienta, esqueleto o bruja y dar vueltas por mi portal yo sola, llamando a las puertas de mis vecinos y pareciendo que en vez de caramelos o dulces voy a pedir medio limón, un litro de leche o un huevo que me hace falta. Mejor esa noche me quedo en casa y me pongo a enredar un rato en la cocina.







Así que para este Halloween, y con antelación esta vez, he decidido hacer unos escalofriantes y horripilantes "dedos de bruja". Huesudos, bien cortaditos a cuchillo, sangrientos… dedos asquerosos y terroríficos que realmente son deliciosas galletas con almendras, muy típicos en esta fecha, famosos entre el público infantil, más baratos y menos empalagos que los huesitos de santo que se realizan en muchas zonas de España con motivo de la celebración del Día de Todos los Santos, y que a mí me parecen también un poco siniestros.

Los dedos de bruja son un clásico entre las recetas que se hacen en estos días pero creo que no tienen tradición ninguna, por lo menos en España No son un dulce tradicional de ninguna zona solo responden a la iconografía propia de Halloween, resultan simplemente divertidos para los niños y no tienen detrás la larga tradición de los huesitos de santo, hechos con mazapán y dulce de yema, que se conocen desde el siglo XVII. Los dedos de bruja son galletas y tienen los ingredientes comunes de estas: harina, azúcar, mantequilla y huevo, más un poquito de "sangre". Son muy sencillos de elaborar y aparte de que están muy ricos otra cosa buena que tiene esta receta es que no hay que esmerarse mucho, cuanto más feos te queden... mejor.



DEDOS DE BRUJA


Ingredientes:

- 300 gramos de harina de repostería
- 150 gramos de azúcar (100 gr azúcar blanco más 50 gr azúcar glass)
- 100 gramos de mantequilla
- 1 huevo
- 1 cucharadita de aroma de vainilla
- almendras para decorar (uñas)
- mermelada de frambuesa para decorar (sangre)







1. En un bol o en el propio cuenco de la batidora/amasadora batir la mantequilla a temperatura ambiente junto con el azúcar.

2. A continuación incorporar el huevo entero y la vainilla. Seguir batiendo.

3. Cuando la mezcla esté ligada, ir añadiendo la harina tamizada poco a poco. Tendrás que cambiar las varillas por la pala amasadora si lo haces con la máquina porque la masa se va volviendo más dura y consistente. Si no amasar la masa a mano durante unos minutos. Si la masa está muy compacta se puede aligerar un poco con un chorrito de leche.

4. Dejar reposar la masa en el refrigerador, envuelta en papel film, durante 30 minutos aproximadamente.

5. Formar finos pirulíes con forma de dedo. Pegar la almendra mojada en la mermelada a modo de uñas, hacer con un cuchillo unas pequeñas rayitas en los nudillos y poner algo más de mermelada donde empieza en dedo para simular la sangre del corte.

6. Refrigerar los dedos durante media hora o una hora para que conserven la forma. 

7. Hornear durante 12/15 minutos a 180 grados centígrados en el horno precalentado.

8. Sacar y dejar enfriar sobre una rejilla.








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viernes, 18 de octubre de 2019

Pan de calabaza (panecillos)






¡¡ Mira que existirán variedades de panes a lo largo de toda la geografía mundial !! De todo tipo, de todas clases, elaborados con diversas harinas, con distintas formas y con diferentes modos de cocción. Y todos están, o estarán, pienso, porque no los he probado todos, bien buenos. Hasta los panes “malos”, esos que venden en supermercados o tiendas bazares, ultracongelados, precocinados y de poca calidad, me parece que están ricos (sobre todo si están acompañados de un poquito de jamón o cualquier otra cosilla para picar) al menos para mí, que soy una apasionada del pan.

Me encanta el pan, cualquier tipo de pan y hasta me atrevo a hacerlo en casa, a mano y a máquina. No me sale demasiado mal para no ser una experta panadera, bastante comibles y con muy buena pinta todos los que he cocinado hasta ahora. No lo hago todos los días, que ya me gustaría, porque elaborar pan casero lleva su tiempo y no dispongo a diario de esas horas que requiere el levado y el horneado de la masa, pero lo que sí tengo a diario es mucha hambre de pan, pero que mucha !!

El pasado miércoles fue el Día Mundial del Pan (World Bread Day). Desde hace 14 años se celebra el día del pan el 16 de octubre para promocionar el valor del pan como alimento esencial en la dieta variada y saludable y promover su consumo. No estoy muy segura de que sean 14 años, ya que no he podido encontrar la fecha exacta de la primera celebración de este día, pero creo que el primer día mundial del pan que se celebró fue en 2006 y fue promovido, según multitud de páginas web que he consultado, por la Federación Internacional del Panadero, organización que tampoco he encontrado como tal y a la que solo encuentro referida como la Unión Internacional de Panadería y Panadería Pastelería (UIB).  Lo digo porque a mí me gusta siempre llamar a las cosas por su nombre: al pan, pan, y al vino, vino.







La Unión Internacional de Panadería y Panadería Pastelería, (Union Internationale de la Boulangerie et de la Boulangerie-Pâtisserie, International Union of Bakers and Confectioners) tiene su sede en Madrid, en la sede de CEOPAN, la Confederación Española de Organizaciones de Panadería, que es una Asociación Patronal, sin ánimo de lucro, que integra en su seno a las 52 Asociaciones y Gremios de fabricantes y expendedores de Pan Tradicional existentes en España y que tiene entre sus objetivos la promoción del consumo de productos de panadería. La UIB, que agrupa 29 países, otros 10 observadores, unas 300.000 empresas y alrededor de cuatro millones de trabajadores en todo el mundo, organiza todos los años, el día 16 de octubre, el Día Mundial del Pan, con multitud de eventos y actividades en muchas localidades, para resaltar la importancia del pan en cualquier dieta de alimentación equilibrada.

No hace falta que sea el Día Mundial del Pan para hornear pan en casa, ni siquiera que sea el Día del Pan Casero que se celebra desde los años 80 en EEUU el 17 de noviembre, lo que ocurre es que yo aprovecho cualquier celebración para celebrar cualquier cosa. Nadie necesita ninguna habilidad especial ni ninguna excusa para cocinar un pan casero, ni Navidad, ni Semana Santa, ni ninguna otra fecha señalada, pues el pan es un alimento básico, muy nutritivo que se come a diario en cualquier cultura desde tiempos inmemoriales. Su elaboración es conocida desde la prehistoria y en todas las civilizaciones. Además se cree que es uno de los primeros alimentos elaborados de la historia de los alimentos. En un principio solo era una masa de cereales machacados y agua, pues no se conocía aun la harina refinada, cuyo invento, el del pan en sí, algunas anécdotas refieren como casual, pero el pan siempre ha estado ligado a la evolución del hombre y es por ello que ha llegado a nuestros días en un formato más elaborado, con legislación propia y con toda una industria panadera detrás que convive con el furor del pan artesano y las formas artesanales y tradicionales de hacer pan.







PAN DE CALABAZA (panecillos):


El pan es en esencia una mezcla de harina, agua, levadura y sal, amasada, fermentada y horneada. Pero a este pan que comparto hoy le he incorporado otros ingredientes. Como estamos en otoño, aunque casi no lo parezca, he añadido calabaza, uno de los productos otoñales por excelencia, y el resultado ha sido sabrosísimo. La calabaza le ha dado al pan un sabor único. Es la primera vez que hago estos panecillos tan esponjosos y la receta que he seguido es la que ha publicado en youtube el canal Miel House (gracias desde aquí por compartir este vídeo tan claramente explicado) Y la he seguido tal cual, solo con un par de variaciones: aunque me gusta meter las manos en la masa lo amasé en la amasadora y también bajé un poco el tiempo y la temperatura del horneado porque veía que se me quemaban. ¿¿ Me podían haber quedado mejor ?? Pues sí, al menos me han quedado menos penosos que las fotografías que acompaño, que cada vez las hago con más prisas y menos cuidado, pero como están tan buenos los repetiré muchas más veces.


INGREDIENTES:

Para el Fermento:
- 125 ml o media taza de leche, a temperatura ambiente 
- 5 gramos de levadura seca de panadería 
- media cucharadita (de las de postre) de harina
- media cucharadita (de las de postre) de azúcar

Para la masa: 
- 450 gramos de harina de múltiples usos, tamizada
- 150 gramos de calabaza cocida, asada… en puré
- 1 huevo
- 2 cucharadas de aceite
- 1 cucharadita de azúcar
- 1 cucharadita de sal


1. Empezamos preparando un fermento en una taza o cuenco con 125 mililitros de leche a temperatura ambiente, 5 gramos de levadura seca de panadería, media cucharadita de harina y otra media de azúcar. Remover, tapar con papel film y dejar reposar unos 15 minutos aproximadamente o hasta que fermente.

2. En un bol disponer el puré de calabaza, que puede ser asada o cocida (yo la hice en el microondas: cortada en dados, tapada con papel film un poco pinchado, 5-10 minutos según la cantidad y luego pasada por la minipimer), dos cucharadas de aceite, 1 huevo entero y una cucharadita de azúcar. Mezclar bien.

3. En el propio vaso de la amasadora (tipo Kitchen Aid) poner los 450 gramos de la harina tamizada. En el centro hacer un pequeño hueco para echar la mezcla de la calabaza y el fermento. Añadir también  una cucharadita de sal pero en los bordes del recipiente, sobre la harina, que no toque los otros ingredientes. Ligar un poco con las manos o con una espátula y amasar unos minutos en la amasadora.

4. Cuando la masa esté ya lista sacarla del vaso de la amasadora, hacer como un bollo de forma redonda y dejarla reposar para que leve alrededor de una hora. Si la cocina está muy fría pues un poco más. Es una masa muy elástica y pegajosa, hay que ayudarse un poco enharinándonos las manos.

5. Una vez levada la masa a continuación hay que sacarla del bol, hacer una especie de rulo con ella y partirla en porciones. Yo hice 10 porciones y quizá quedan algo grandes, mejor hacerlas más pequeñas que creo que quedaran más bonitas y más redonditas. Con cada una de ellas hacer un bollito dándoles forma redondeada, disponer en la bandeja del horno sobre un papel sulfurizado y aplastarlas ligeramente con la mano. Con unas tijeras enharinadas realizar unos pequeños cortes, 8 cortes, para hacer las estrías de la calabaza y dejarlas levar por segunda vez en la bandeja una media hora, tapadas con un paño que no pese para permitirlo. Una vez que hayan levado, con la ayuda de un dedo se les hace un pequeño hundimiento en el centro.

6. Hornear 15 minutos en el horno precalentado a 220 grados centígrados. Como dije antes, bajé un poco la temperatura y también un par de minutos en la segunda hornada (siempre que hago algo por primera vez intento hacer una prueba primero) porque vi que se me estaban tostando mucho.

7. Sacarlas del horno y untar un poco de mantequilla por la superficie para que se quede más blandita.

8. El resultado son unos bollitos de pan con sabor a calabaza muy tiernos y esponjosos, ideales para hacer en cualquier momento, de una manera bastante rápida, y perfectos para fiestas o meriendas de Halloween.



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viernes, 19 de abril de 2019

Galletas Oso Panda






Menuda pandilla !! Es difícil que podamos encontar en alguna ocasión un conjunto así de numeroso de osos panda juntos ya que el oso panda gigante es un animal muy solitario que no lleva nada bien que haya otros osos adultos en su territorio o espacio vital. Esto sobre todo les pasa a las hembras. Yo las entiendo, considerando mi cocina como uno de los espacios donde paso más tiempo después de mi lugar de trabajo, tampoco quiero a nadie allí que enrede mientras yo hago, por ejemplo, galletas de chocolate, así que cierro la puerta y mantengo a mis pequeños cachorros al otro lado de esta, esperando a que termine para rebañar las sobras. Pero como estos de la foto no son osos adultos sino ositos y además son de mentira, los agrupo a mi antojo y después... me los como, porque son muy monos y además muy ricos.



Con las cantidades de ingredientes que utilizo para hacer estas galletas de chocolate salen unos 50 o 60 Chu-lines. Alguna vez me había preguntado si a Chu-lin, el primer oso panda nacido en cautividad fuera de China y que nació el 4 de septiembre de 1982 en el zoológico de la Casa de Campo de Madrid, se le puso ese nombre por la manera castiza de llamar a los madrileños que tenemos fama de ser muy chulitos. Aunque el nombre Chu-Lin  tiene un significado chino y quiere decir "tesoro entre bambues" parece ser que sí, que se eligió este nombre en honor a su procedencia china y a su lugar de nacimiento. Chu-lin era un auténtico chulapo !! En casa hemos puesto nombre a todas las galletas. Tengo tres moldes de osito de cuerpo entero más uno de solo la cabeza más 4 caritas diferentes. Esto da lugar a un montón de combinaciones por lo que tenemos nombre para casi todos: Chu-lin; Shao Shao, la mamá de Chu-lin, que fue un regalo del gobierno chino a los Reyes de España en visita oficial en el país en 1978 junto con Chang Chang, el papá adoptivo; Chia Chia, el papá biológico londinense; Po y De De, los gemelos que nacieron también en Madrid en 2010; Xing Bao, que es la cuarta cría de oso panda nacida en Madrid en 2013, los trillizos chinos Meng Meng, Shuai Shuai y Ku ku (la adorable, el guapo y el guay) ...










Chu-lin, el osito panda tierno, adorable y amoroso que marcó la infancia de muchos niños españoles (la mía no que me pilló ya casi saliendo de copas) falleció de forma repentina a los 13 años de edad. Le faltaron 12 para llegar a la media de 25 años que suelen vivir estos animales, y 12 días también faltan (hoy, 17 de abril, que es cuando estoy redactando esto) para que se cumpla aniversario de su muerte, ya hace 22 años que nos dejó pero sigue siendo recordado por muchos. Cada vez que llega una fecha señalada, Navidad, Semana Santa, Día de los enamorados, Halloween... suelo hacer alguna receta de repostería para publicar en el blog, no tanto para celebrar la ocasión, más bien es la excusa. Esta vez me pilló Semana Santa sin tener nada pensado y se me ocurrió utilizar uno de esos moldes que de vez en cuando compro por internet y los dejo para "mejor ocasión". 

Galletas de chocolate he hecho varias veces, con distintas recetas, con azúcar moreno, con azúcar glass, con levadura, sin levadura, con más harina, con menos harina, con vainilla, con Nutella... Aunque me gustan más las galletas de mantequilla, las que saben a galletas danesas, estás de chocolate están muy buenas. Me pasó la receta una amiga y es la primera vez que las hago. Repetiré !! Son unas galletas sencillas de hacer, solo decoradas con fondant para hacer la parte blanca aunque se pueden hacer con la masa sin chocolatear, muy bonitas, ideales para regalar. Una idea muy divertida y muy chula !!








GALLETAS PANDA DE CHOCOLATE.


Ingredientes:


- 200 gramos de mantequilla blanda

- 200 gramos de azúcar glass

- 1 huevo grande

- 400 gramos de harina normal

- 50 gramos de cacao en polvo tipo valor

- una pizca de sal

- un chorrito de leche para ligar la masa



Preparación:


1. Batir en un bol la mantequilla blandita, sin derretir, a punto pomada, junto con el azúcar glass

2. Cuando la mezcla sea homogénea añadir el huevo entero y seguir batiendo

3. Vamos incorporando la harina, tamizada y mezclada con la sal y el cacao, poco a poco. En este punto cambio el accesorio de la batidora y pongo el de amasar ya que es bastante cantidad de harina y la masa requiere amasado. Si se queda muy desmigada añadir un chorrito de leche para ligarla o terminar con las manos

4. Estirar la masa con el rodillo entre dos papeles sulfurizados de horno y dejarla con un grosor de unos 5 milímetros. Dejarla reposar en la nevera por lo menos media hora o una hora para que enfríe y se pueda cortar mejor

5. Cortar con los moldes cortapastas y disponer sobre un papel en la bandeja de horno. Volver a meter en la nevera para que las galletas queden duras y no pierdan su forma

6. Hornear 10-12 minutos en horno precalentado a 180 grados centígrados

7. Dejar enfriar sobre una rejilla y una vez frías decorar con el fondant blanco. Los moldes de las galletas de oso panda también traen la opción para cortar y marcar las caritas y las barriguitas. Pegar el fondant a la galleta humedeciéndolo con un poquito de agua.











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lunes, 24 de diciembre de 2018

¡¡ Feliz Navidad !!





¿¿ Se acaba ya 2018 ?? ¡¡ Cómo puede ser si casi ni me he enterado !! Se me ha pasado volando, la verdad. Es lo que tienen los años normales, ni buenos ni malos, que corren tan deprisa como todos los demás. Menos mal que los días que aun quedan son para mí de lo mejor del año, de lo mejor de todos los años  ¡¡ Con diferencia !!


Todo el que está cerca de mí sabe que me encantan las navidades y que las espero con ilusión. Sin entrar en reflexionar sobre el verdadero significado de la Navidad o en si este ambiente de desmesurado consumo que vivimos estos días tiene que ver mucho o poco con el auténtico espíritu navideño o con la fiesta religiosa, las fiestas navideñas en sí, todo lo que rodea a la Navidad me encanta. Me gusta todo en general y en particular. Me gusta disfrutarlas, me gusta hacer de estos días algo especial, estar con mis amigos, tener más tiempo para mi familia. Me gusta la estética de la Navidad, adornar mi casa, elegir unos cuantos regalos, y entregarlos, comer dulces sobre todo, como que parezca que no hubiese un mañana o no existiera un siguiente mes de enero, ese mes en el que le pones la pila a la báscula del baño... Me gusta todo, desde siempre. Cosas que se hacen desde que era pequeña y cosas nuevas que se hacen con los años.


Últimamente estoy cada vez más rodeada de personas a las que contrariamente a mí no les gusta la Navidad, la Navidad en general (que por otra parte les entiendo ya que no somos todos iguales) y me temo que tampoco les gusta nada en particular. Nadie dice "no me gustan las vacaciones de Navidad y me quedo en la oficina, idos vosotros" o "no me gustan los langostinos ni tanto despliegue de comidas, no voy a cenar a ningún lado y me voy a tomar un yogur como todas las noches". Estoy bromeando, igual habrá quien sí, no sé, a saber !! sin embargo, si que noto que cada vez oigo más el "odio la Navidad", "odio ir a cenar donde mi suegra", "odio que vengan mis cuñados a casa", "odio tener que salir a comprar los regalos", "odio los villancicos, la pandereta y la zambomba"... Cada uno tiene sus circunstancias, sus razones o sus preferencias, el caso es que luego todo el mundo te felicita o te bombardea con whatsapps navideños y leerlos y pasarlos forman ya parte del ajetreo navideño como una cosa más.


De todo este trajín que se vive en estos días de "vete un día al centro a ver las luces y otro a ver si puedes comprar algo", "queda con amigos para cenas navideñas", "prepara comidas en casa que viene la familia"... y  mil cosas más agotadoras, con lo que más disfruto es con el festival de villancicos del cole, aunque mis hijos sean ya bastante mayores, y al hornear unas galletas de Navidad. No me pidáis que haga unas albóndigas, hornee un pollo asado, ponga unas lentejas o líe unas croquetas, que me salen francamente mal, y menos en estas fechas en las que estoy como todo el mundo a tope. Pero para unas galletas siempre estoy dispuesta y jamás me da pereza. Hago galletas todo el año, en ocasiones las llevo al cole por algún cumple, las hago también cuando alguien viene a casa a tomar un café, unas veces las regalo a quien me importa, otras forman parte de un detallito de compromiso, algunos años las de Navidad las cuelgo en el árbol....


Estas galletas de mantequilla con las que despido el año son de mantequilla sin más, sin jengibre ni canela. Saben parecidas a las danesas de la lata azul, con esto quiero decir que están espectaculares,  son muy sencillas de realizar, me sirven también para publicarlas una y otra vez en este blog, pues son muy recurrentes, y como las he marcado con este rodillo con motivos de Navidad son las he utilizado para mi felicitación navideña de 2018.







GALLETAS DE MANTEQUILLA 


- 135 gr. de mantequilla
- 100 gr. de azúcar
- 1 huevo
- 2 cucharaditas de postre de aroma de vainilla 
- 250 gr. de harina 


1. Batir en un bol o recipiente la mantequilla a temperatura ambiente o ablandada, partida en dados, junto con el azúcar. Antes utilizaba la batidora Minipimer o incluso lo hacía a mano, pero ahora tengo una preciosa batidora roja tipo Kitchen Aid que me facilita mucho el trabajo.

2. Agregar un huevo entero y seguir batiendo.

3. Añadir las dos cucharaditas de aroma de vainilla y remover o dar un golpe de batidora.

4. Ir incorporando poco a poco la harina tamizada y seguir batiendo. En este paso cambio las varillas por el accesorio de amasar porque al llevar mucha harina la masa se vuelve muy compacta.

5. Cuando la masa ya ha admitido toda la harina nos ayudamos de una espátula o cuchara para despegar la masa que se ha quedado adherida a las paredes del recipiente, le damos forma de bola con las manos, envolvemos con plástico transparente y dejamos reposar una o dos horas en la nevera. A veces también la estiro primero con el rodillo y la refrigero después, depende del tipo de galletas que vaya a hacer con la masa.

6. En este caso he estirado la masa con el rodillo alisador estirándola hasta llegar al grosor  de algo más de medio centímetro. A continuación la he dejado reposar en la nevera hasta que se endureciese un poco, no en exceso, y pasado este tiempo, la he sacado para empezar a marcar el dibujo con el rodillo de motivos navideños. El truco está en conseguir una temperatura ideal para conseguir que se marque perfectamente el dibujo. Hay que ayudarse espolvoreando harina en la superficie para que no se pegue el rodillo.

7. Cortar las galletas con el cortapastas elegido, disponer en una bandeja de horno sobre papel vegetal y volver a introducir en la nevera para que se mantengan bien marcados los dibujos. Si la masa está muy caliente se ablanda y se desdibujan.

8. Precalentar el horno a 170 grados y hornear durante 20-22 minutos en la bandeja del medio del horno. 

9. Sacar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla. 







Todas las fotografías pertenecen a Planeta Cereza. Son muy pocas para tantas líneas, nada más tres fotos que he hecho rápidamente con el móvil a las 15-16 galletas que he podido salvar de la hornada. Entre dos o tres que se me han roto, otras dos que "mami, me las como porque se te han quemado un poquito", otras dos que "mami, me las llevo al cole para enseñarlas" y otras dos que me las como yo misma calentitas, recién sacadas del horno, para ver que tal me han salido... me quedé con muy pocas. Se que algunos años me esmero más, tanto en las galletas como en las fotografías, pero si me espero un poco a sacar la cámara buena entre que voy y vengo... me quedo sin felicitación navideña.

De todo corazón...


¡¡ FELIZ NAVIDAD !!

y 

Felices Fiestas a todos. Disfrutad.



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viernes, 12 de octubre de 2018

Mermelada de higos verdes.





Me encanta comer y cocinar alimentos de temporada, sobre todo frutas y hortalizas. Quiero decir que me gusta hacerlo cuando están realmente en temporada, claro. Aunque muchos alimentos los podemos encontrar hoy en día en cualquier tienda durante todo el año, o en la mayoría de los meses, porque los traen desde otros puntos del planeta prácticamente el mismo día en el que salen del huerto o los recogen del árbol, lo cierto es que todos o casi todos estos productos "de huerta" tienen un "mejor momento" y en ese mejor momento son más baratos, hay más abundancia, están más al alcance y además están más ricos.

Ya es otoño, recién estrenado, y yo ya estoy salivando con todo lo que me voy a encontrar en los próximos meses en mercados, mercadillos, tiendas o supers, cuando todos los puestos o  mostradores de estos establecimientos se llenen con los colores y los productos otoñales: calabazas, uvas, castañas, granadas… Empieza la temporada de algunos y la de otros, los propios del verano, se acaba. Los higos que tanto me gustan y que he utilizado para hacer esta receta, tan verdes y tan bonitos, casi ya ni se ven, aunque todavía podamos encontrar algunos, algo más “chuchurríos”, en algunas fruterías ya que su temporada va desde junio a finales de septiembre, prolongándose incluso hasta noviembre según el clima o la zona. No son como digo de estas semanas pasadas sino que fueron cogidos  a finales de verano, en esa época de transición de fin de verano - principios de otoño, que algunos llaman verano tardío (y otros veroño, por el buen tiempo que hace justo cuando comienza la nueva estación) lo que ocurre es que, como me pasa habitualmente, desde que hago la receta y las fotos hasta que la publico, pasa un rato largo. Un poco más y me pongo en Navidad. Cosas de tener una agenda como la mía !! Esta época a la que me refiero, en la que todavía los días son largos y tengo también algo más de tiempo, se convierte con tal variedad de hortalizas, verduras, frutos secos o frutas que existe, en un momento de máxima producción en mi cocina, donde las recetas de tartas con fresas, mermeladas de moras o postres con cerezas, que todavía alguna hay, dan paso o incluso se entremezclan con las de cremas o bizcochos de calabaza y las salsas de ciruela, y si me apuras un poco casi que con las croquetas de boletos que ya me van saliendo muy ricas después de varias intentonas.






El higo es casi la única fruta que no me da pereza comer nunca aunque me manche los dedos y se me queden pegajosos, es más, me encanta manchármelos y chuperretearlos, porque es una fruta tan dulce que disfruto enormemente haciéndolo, a otros les pasa con los langostinos o las gambas. Me da igual comer los higos directamente del árbol que comer la mermelada que preparo con ellos y con la que también me pringo, aunque reconozco que lo primero tiene para mí mucho más encanto. Mermelada de higos no hago nunca en grandes cantidades para almacenar, realmente ni de higos ni de cualquier otra fruta, solo hago dos o tres botes, los que salgan, más otro par más para tener en uso los primeros días, con los higos que suelo coger en septiembre de mis propias higueras. Dicho así parece que sea una terrateniente pero no, solo tengo una pequeña finca que da unos higos buenísimos y cuatro cosillas más. Siempre reservo en este mes un fin de semana para volver al pueblo, disfrutar de los últimos coletazos del verano, cerrar la casa y coger algunos higos de las dos higueras que poseo, de los cuales me como los más bonitos los primeros, esos que resultan los más apetecibles y empleo los más feos que voy dejando para realizar alguna receta. Si utilizas para elaborar mermelada esos higos que van quedando, como digo más feuchos, porque están algo más pasados o más maduros, mejor, porque tienen más sabor pero conviene no pasarse en el punto de maduración porque si no se perdería la pectina natural de la fruta que actúa como espesante. Si no, si los higos que tienes están poco hechos, siempre puedes dejarlos macerar desde la noche anterior en el azúcar y el limón e irán soltando poco a poco su jugo, y también saldrá estupenda.






La mermelada de higos es, como casi cualquier mermelada, una receta muy sencilla de hacer aunque, como todo, cada uno la hace a su manera. Con algunos pequeños trucos que cada cual utiliza puede quedar perfecta, o por lo menos a su gusto. Yo la hago siempre igual, como la hice la primera vez, porque así me encanta, y esta es la receta que voy a compartir. Me gusta como queda con una textura fina y una consistencia perfecta para mí. Algunas personas pelan los higos y otras no (en esta ocasión unos los he pelado y otros no porque tenían buena piel), unos emplean azúcar blanco, otros azúcar moreno, como es mi caso, de ahí ese color tan oscuro, y hay quien usa panela en polvo. También hay quien añade manzana y quien no lo hace, incluso algunos le pone un toque de canela, y sobre las proporciones entre fruta y azúcar, pues depende, yo le pongo menos de la mitad del peso de los higos, como un treinta por ciento aproximadamente porque estos higos ya son lo suficientemente dulces y porque tiendo a rebajar un poco el azúcar en algunas recetas. Los higos tienen una cantidad media de pectina por lo que yo es necesario añadir mucha cantidad de azúcar ni prolongar su cocción en exceso, si acaso poner un poquito de manzana. En cualquier caso, se haga como se haga, yo pienso que siempre que se la dé mínimamente el punto, en cuanto a sabor estará seguro más que buena.


La mermelada en sí es algo muy calórico, no voy a decir que no. Tiene un valor energético alto debido a la cantidad elevada de azúcar que lleva, sin embargo, y a pesar de su mala prensa en este sentido, la ingesta de la de higos es recomendada, en cantidades moderadas, por muchos nutricionistas y dietistas ya que compensa por las múltiples propiedades que tiene esta fruta nutritiva y jugosa. Los azúcares naturales que tienen los higos y que hacen que sea una fruta tan dulce reducen la necesidad que tenemos a veces después de comer de tomar como un caprichito algún postre elaborado lleno de calorías. Los higos son saciantes y también proporcionan energía, vitaminas y muchos minerales como el potasio, del que tienen un alto contenido. Por otra parte controlan el nivel de presión arterial, reducen el colesterol malo , previenen enfermedades cardiovasculares y como son ricos en fibra, facilitan una buena digestión entre otras cosas.


Cualquier mermelada me resulta perfecta para acompañar unas tostadas en el desayuno Me gustan casi todas pero cuando tengo la de higos casera suelo comerla así pues la mermelada de higos no es de las más abundantes en las estanterías del supermercado, y la casera está infinitamente mejor. Pero como realmente me parece deliciosa es combinándola con un poco de queso (esto a gustos !! para mí con queso brie) y/o jamón serrano o paté. En ocasiones también realizo con ella una trenza de hojaldre rellena de mermelada de higos y jamón serrano que es algo muy fácil y sencillo de realizar: una lámina de hojaldre rectangular que dividimos imaginariamente en tres partes longitudinales, poniendo el relleno en la del centro y cerrando con los flecos que habremos cortado en las otras dos partes exteriores. Esto está muy rico y cualquier día de estos lo hago ahora que vuelvo a tener mermelada de higos casera.







MERMELADA DE HIGOS VERDES.



Ingredientes:

-  1 kilo de higos verdes (variedad cuello de dama)

-  300 gramos de azúcar moreno

-  ½ limón o 1 limón pequeño

-  media manzana (opcional)



1. Se lavan y se parten los higos enteros con su piel, eliminando alguna parte fea si la hay y los rabitos . Se disponen en una cazuela.

2. Se incorpora el azúcar, se remueve y se deja macerar durante una hora o dos para que la fruta suelte su jugo. Si los higos están poco maduros se pueden dejar macerando desde el día anterior y si la fruta está bastante madura este paso tampoco es que sea necesario. El azúcar es el conservante de la mermelada.

3. Añadir el limón muy bien pelado y cortado en trozos El limón se puede añadir también en zumo antes de la maceración pues ayuda a que la fruta suelte el jugo. El limón es el que aporta el ácido a la mermelada y el que ayuda a activar la pectina.

4. Opcionalmente podemos añadir media manzana troceada para aportar algo más de pectina que es el espesante de la mermelada. La manzana acelera este proceso y así ahorramos tiempo de cocción.

5. Poner a cocer la mezcla, tapada, a fuego medio, durante 20 o 30 minutos. Ir removiendo con una paleta o cuchara de madera para que no se pegue a la cazuela teniendo cuidado en no quemarse ya que salta un poco. No prolongar mucho el tiempo de cocción ya que, aunque se vea una consistencia algo líquida, al enfriar se espesa y además si nos pasamos quedaría demasiado dulce.

6. Si preferimos una textura que no sea muy gruesa y que no se noten los trozos de fruta podemos triturar un poco con la batidora de mano en la propia cazuela.

7. Una vez que se enfría la mermelada está lista para consumir pero si queremos conservarla y que nos dure muchos meses o hasta un año, hay varios métodos para envasarla al vacío. Yo lo que hago es esterilizar los frascos de cristal junto con sus tapas hirviéndolos en agua durante 30 minutos, los saco con unas pinzas transcurrido este tiempo, los dejo escurrir, los relleno hasta el borde, los cierro herméticamente, los doy la vuelta y pongo boca abajo, los dejo enfriar y ya después los decoro.







Todas las fotografías pertenecen a Planeta Cereza pero las etiquetas tan bonitas que aparecen en los botes de la mermelada son  obra de Alicia Sánchez Jiménez, quien las ha diseñado, dibujado y compartido gratuitamente (Gracias !!)



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sábado, 31 de marzo de 2018

Galletas de Pascua





Muchas veces me ocurre que entro o paso por alguna tienda, veo moldes, herramientas, ingredientes o cualquier otra cosa relacionada con la repostería, lo compro y luego se me olvida que lo tengo. Una cajita mona por si algún día la pongo en la composición fotográfica de alguna receta; un colorante de color violeta por si algún día hago flores de azúcar con forma de violeta; una cucharita, platito o tacita rosa por si algún día las uso para este blog, porque aquí en este blog predomina el color rosa, y no el violeta (claro, cómo me voy luego a acordar de las violetas !!) o un cortador en forma de huevo de Pascua por si algún día se me ocurre hacer galletas de Pascua. Y después ocurre también, por ejemplo, que se acerca la Pascua y no me acuerdo de que tenía un cortador de galletas con forma de huevos de Pascua y mucho menos de que alguna vez lo compré no sé ni donde.


A veces es o puede ser un problema de memoria, no digo que no, pero en alguna ocasión, como en esta, es que realmente tampoco me acuerdo nunca de los huevos de pascua hasta que, cercanos a esta festividad, empiezo a ver escaparates de algunas tiendas llenos de huevos y conejitos de chocolate. Este año podría haberme pasado justo eso, lo primero, que se me olvidase que tenía un cortador de galletas en forma de huevo que compré precisamente para hacer algún día las galletas de Pascua y tuviese que improvisar algo rápidamente porque me gusta hacer postres típicos o tradicionales en fechas señaladas, pero no, esta vez estaba al tanto porque hace poco, haciendo limpia en casa, encontré en un cajón una bolsa con varias cosillas que compré el año pasado en un viaje a la Alsacia francesa. En la Ruta por los pueblos floridos, o Ruta de los vinos de la Alsacia, que se suele hacer desde Colmar, y que hice (como para perdérsela !!) pasé por un pueblo precioso llamado Kaysersberg, precioso no, preciosísimo, y topé con una tienda muy chula "Pattyserie" donde compré muchos moldes y otros utensilios, diferentes de los que suelo tener a disposición en las tiendas que frecuento, "por si algún día !!". Allí compré entre otras cosas este cortador en forma de huevo con un conejillo en el centro. Es tan pequeño el cortador, y más aún el animalito, que me parecía difícil que este se marcase bien en la masa de la galleta a pesar de utilizar la receta de las galletas de encaje que sé que quedan con forma definida porque las he hecho muchas veces, así que lo he dejado para la decoración con fondant que llevan por arriba, y aunque ni el fondant ni la glasa son de mis decoraciones preferidas (es que no me gustan mucho), es tan sencillo de hacer que no ha quedado tan mal.







Incluso estando al tanto, como este año, para hacer algo antes de que llegara la fecha, hay que contar  también, como en cualquier entrada de recetas, con una cierta planificación: hay que tener la idea, preparar los ingredientes y disponer del tiempo necesario para la elaboración de las galletas, la edición de fotos, la redacción de la entrada etc... y entre unas cosas y otras lo mismo me daban las pascuas, o las uvas, como se dice. Yo siempre lo intento y si llego, llego, y si no tengo de Pascuas a Ramos para volverlo a intentar, pero estas las quería para regalar a mis hijos y mis "sobris" este Domingo de Pascua y los primeros, aun sabiendo de todos mis esfuerzos y del sprint final que hago para tenerlas listas en la fecha... al menor descuido que tenga en la cocina meten mano y me las intentan quitar. No creo que lleguen al Domingo, al menos que lleguen todas. Los sujeto un poco por aquello de que les digo que tengo que fotografiar la receta y de momento solo les doy las galletas más feas o alguna de las que se rompen. Y esta vez casi ni cuela. Normal, están tan buenas !!



GALLETAS DE CHOCOLATE Y CANELA


 Ingredientes:

- 425 gramos de harina común (he restado 25 gr. de los 450 por la incorporación del cacao)
- 125 gramos azúcar glass
- 150 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
- 1 huevo (mejor grande)
- 2 o 3 cucharadas soperas de cacao puro en polvo sin azúcar (cacao Valor)
- 2 cucharadas soperas de Golden Syrup
- 1 cucharadita de canela
- Aroma o extracto de vainilla (dos cucharaditas de aroma Vahine)
- 1 chorrito de leche para ligar la masa si se necesita







La primera vez que hice este tipo de galletas utilicé la receta original de Bea Roque, las Doily Biscuit, que vienen en su libro y en su blog (que a su vez seguían la receta de Martha Stewart ) y que se diferenciaba un poco de mi receta de galletas de mantequilla pero que era más adecuada para este tipo de galletas que llevan algún tipo de dibujo que tiene que quedar marcado y bien definido. Como he contado, el cortador es muy pequeño y me parecía que el conejo no iba a quedar demasiado bien. Hice la prueba y así ha sido, no parecía un conejo, incluso en el fondant alguno parecía más un perrito o bicho raro que un conejillo porque se deformaron un poco al manipularlo estando muy blando. En estas galletas de Pascua, por no repetir las recetas que ya he publicado, he incorporado chocolate en polvo y y una pizca de canela pues me gusta mucho ese toque y esa combinación. Juro que las galletas salen bastante marrones, y si se quieren más oscuras se puede añadir algo más de chocolate, pero el las fotos salen algo verdosas. Es cosa de hacer las fotos con el móvil en vez de con la cámara fotográfica.


1. Tamizar la harina y el chocolate con un tamizador, cedazo o colador grande y reservarla.

2. Batir en un bol grande la mantequilla, que debe estar a temperatura ambiente algo blandita, hasta que esté cremosa. Añadir el azúcar glass y continuar batiendo un poco más rara que se integren bien.

3. Incorporar el huevo entero o ligeramente batido.

4. Añadir a continuación las dos cucharaditas del aroma de vainilla, que a mí me gusta más que el extracto o la pasta de vainilla, y las dos cucharadas de Golden Syrup. Si lo habéis usado alguna vez sabéis que es un sirope de azúcar invertido con sabor a caramelo. Si no lo encontráis hay recetas para hacerlo casero o se puede también sustituir por miel de caña o melaza y creo que también por sirope de ágave. Seguir batiendo para integrar.

5. Incorporar poco a poco la harina a una velocidad más baja. Yo aquí es donde tengo que cambiar a la amasadora porque mi batidora ya no puede según la masa se va haciendo más consistente. Suelo terminar amasando a mano.

6. Si la masa se queda algo seca, o como desmigada, echamos un poquito de leche para poder ligarla. Con mi amasadora no queda una bola redonda de masa, como si lo hicieras en otro tipo de aparato, así que continuo amasando un poquito y dando forma con la espátula primero y después con las manos.

7. Se puede dividir la masa en dos porciones y estirar con un rodillo cada una de estas entre dos papeles de hornear o se puede, como suelo hacer yo, dividir en dos o tres bolas y después de ahí hacer más porciones individuales y alisarlas cuando ya está algo refrigerada. Cada cual como quiera trabajar su masa. La masa debería quedar con un grosor aproximado de 0,5 cm. El secreto realmente es la temperatura de la masa y cuando se da con el punto justo salen perfectas.

8. Refrigerar durante una o dos horas para que la masa repose y se endurezca (no en exceso) o meter al congelador durante unos minutos.

9. Dar forma a las galletas con el molde o cortapastas que se elija. En estas galletas corté la masa con un cortador en forma de huevo y corté el fondant con otro, el del conejo, de un tamaño casi igual. La masa no debe estar demasiado dura porque si no no se marca bien el dibujo ni tampoco muy blanda porque se pierde la forma enseguida. Debe estar a una temperatura adecuada y se va viendo con la práctica. Volver a meterlas a la nevera para que no se pierda el dibujo y se quede bien fijado. salen como 35 galletas aproximadamente. Yo solo he decorado con el fondant rosa unas cuantas porque realmente me gustan más sin la capa de azúcar que me resulta muy empalagosa. Aun así unas y otras están bastante ricas.

10. Hornear con el horno precalentado a 175º durante 10-15 minutos según el grosor o el tamaño hasta que estén un poquito doradas. Estas, en concreto, han estado 12 minutos.

11. Cuando estén horneadas dejarlas enfriar en la bandeja durante 5 minutos y después pasarlas a una rejilla hasta que se enfríen del todo.

12. Conservar en un recipiente hermético. 






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